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Turismo en peligro Informó La Nación anteayer que fracasó la coordinación para promover a nuestro país en el exterior y, sobre todo, en Alemania y desde Alemania, con ocasión de la Copa Mundial en junio de este año. Un decreto emitido, el 12 de diciembre del año pasado, en este sentido no surtió efecto alguno. La ruptura del convenio de un trabajo conjunto entre las entidades y empresas involucradas en este proyecto se precipitó por cuanto el ICT no logró una ampliación del límite de gasto, de parte de la Autoridad Presupuestaria. Esta solicitud se presentó el 2 de marzo, se ratificó el 21 de marzo y se publicó en La Gaceta el 12 de abril. Un mes y una semana para una decisión que pudo haberse resuelto en pocos días. Si algo tan simple no se pudo realizar, pese a la magnitud del acontecimiento y al suficiente tiempo de que se disponía, desde que la selección de fútbol de Costa Rica había clasificado para participar en el campeonato mundial en Alemania, no ha de extrañarnos las declaraciones del nuevo ministro de Turismo, Carlos Ricardo Benavides, el martes pasado, en este periódico, sobre los síntomas de un estancamiento del turismo en Costa Rica. Las razones aducidas por el titular de Turismo merecen toda consideración tanto por la actividad que está juego y por su impacto en la economía nacional como por su diversidad; algunas de estas razones se refieren a la cultura del país, esto es, a motivos que, por pertenecer a la actitud de los habitantes, es difícil desarraigar. Se refiere el ministro Carlos Ricardo Benavides a la dificultad en alcanzar un incremento sostenido de la influencia de turistas en los próximos años de persistir los siguientes factores: el pésimo estado de las carreteras, la deficiente atención en los puertos de entrada, la agresividad de los conductores, el descenso de los cruceros, el aumento de los costos, sobre todo de los boletos aéreos; la falta de habitaciones en los hoteles, sobre todo en Guanacaste; la inseguridad personal, los hurtos y el exceso de trámites en el campo de las inversiones. En síntesis, se han conjugado todas las causas posibles para que la gallina de los huevos de oro deje de producir y para que, de no ponerse coto sin dilación a estos problemas, sobrevenga una crisis en el campo del turismo. ¿Qué ha pasado? Que las autoridades gubernamentales y las de turismo se durmieron sobre sus laureles, creyendo que la bonanza sería perenne, que la competencia cercana no estaba trabajando con visión de futuro y que, en materia de turismo, podrían enarbolarse las banderas, como otrora, de algunos buenos indicadores nacionales. No se ha tenido en cuenta que la actividad turística se guía por parámetros específicos, que ciertamente debe brindarse un servicio eminente y que, en este campo, como en otros, no avanzar es retroceder. Ese cuadro era de sobra conocido. En diversos seminarios y en numerosos reportajes de la prensa se hizo conciencia de esta realidad y de las consecuencias de esta miopía, y no se adoptaron a tiempo las medidas pertinentes. Bien hace, por ello, el ministro de Turismo en decir las cosas como son y en no echar mano del manido recurso de los indicadores anteriores para justificar la inacción y falta de visión en el presente. Desde este punto, hacemos hincapié en la urgencia de poner remedio a los problemas enunciados, de índole personal, social y estructural, entre estos, particularmente, la añeja crisis vial. En esta materia, el MOPT debe dar un viraje de 180 grados y tener en cuenta el interés nacional y no el de algún grupo empresarial. Esta vergüenza nacional debe terminar por el bien de todos.
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