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¿Ser o no ser? ¿Cuál modelo queremos: enclave "bananero" o crecimiento con prosperidad?Miguel Sobrado Dice Jeffrey Sachs: "Pocos debates sobre la economía serían necesarios, si el mundo dedicara más tiempo a examinar lo que funciona y lo que no". En nuestra historia republicana hemos tenido contacto con el mercado mundial principalmente a través del café y el banano. Los resultados son claros, por una parte, la actividad cafetalera, basada en la propiedad de la tierra de nacionales y extranjeros residentes, genera además de una gran cantidad de empleo directo, una gran demanda de servicios, productos y comercio local y regional. Donde hubo café surgió infraestructura, gran cantidad de inversiones estables y floreció el capital humano una sociedad cívica organizada base del capital social. Mientras que en otras latitudes la actividad bananera, en manos de compañías transnacionales, si bien generaba ingresos copiosos a sus dueños, solo dejaba los salarios de los trabajadores y uno que otro contratista. Cuando agotaron la capacidad productiva de la fruta y las compañías se trasladaron a otros lares, la vida económica se derrumbó, solo quedaron las obras de infraestructura que no se pudieron llevar y una escuálida formación en capital humano y como todo era centralizado y dependiente de la compañía no había sociedad civil organizada y, por ende, quedó un verdadero desierto de capital social.
¿Unico camino? Nuestra experiencia histórica, especialmente la del café, nos muestra cómo el camino del desarrollo pasa por el encadenamiento de las actividades económicas y sociales regionales; como podemos aprovechar las oportunidades que nos ofrecen los mercados y la inversión externa, para potenciar nuestro desarrollo. Esta lección, parece no haber sido asimilada por quienes, basándose en manuales teóricos, propician en nuestro país la libre acción de los mercados como único camino al desarrollo. Hoy en día, la actividad piñera, otro enclave económico, heredero directo de las bananeras, genera grandes ingresos a las compañías que lo explotan, pero solo deja los salarios a los lugareños. No es por casualidad que el cantón de Buenos Aires, sede del emporio de la piña, sea el cantón con mayor porcentaje de pobres en la región Brunca, que tiene el dudoso honor ser la región con el mayor porcentaje de pobreza en todo el país. Cosa que no debe atribuírsele a la empresa que hace su tarea de generar dinero, sino al Estado por omitir sus responsabilidades de garantizar el equilibrio ecológico y social. Nos queda ahora por decidir qué modelo queremos seguir: enclave "bananero tradicional" o crecimiento con desarrollo interno. Sin pretender subvalorar en ningún momento la importancia de los mercados y de las inversiones externas, por su papel desencadenante del proceso económico, se trata, como debe ser, de que sirvan a los intereses nacionales y no a la inversa. Otros países, líderes del desarrollo, como lo tigres asiáticos, hace tiempo lo comprendieron. Establecieron restricciones para el capital "golondrina" o especulativo y generaron estímulos para las inversiones en los campos estratégicos para el desarrollo nacional. En el caso costarricense debemos revisar con atención e interés las nuevas inversiones y su impacto sobre el empleo y el encadenamiento empresarial, antes de otorgar cualquier apertura o beneficio fiscal. Si lo que se busca con estas medidas es, como se predica, reducir la pobreza promoviendo el desarrollo empresarial y el empleo, merece especial atención el análisis de la actividad turística. Esta actividad fuente creciente en el ingreso estadístico de divisas, tiene un impacto desigual en las regiones. En algunos casos como Sarchí o La Fortuna, vemos florecer empresas locales generarse una gran demanda de empleo y capital humano y social. En otras regiones como Guanacaste, el impacto sobre la economía local y el empleo, no ha sido tan visible en todos los casos, aunque ciertamente hay grandes y ejemplares excepciones generadoras de empleo y encadenamientos locales. Construir el futuro con la experiencia acumulada, regionalizar e impulsar la descentralización operativa, son las tareas que deben orientar la agenda nacional.
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