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Ignacio Padilla estudió el mal con obra cervantina México D. F. EFE. El escritor mexicano Ignacio Padilla publicó en México un extenso ensayo sobre la relación entre Miguel de Cervantes y el diablo, un proyecto al que dedicó 10 años y en el que encontró abundante material. "Nunca pensé que la presencia del diablo y lo diabólico pudiera ser tan amplia en la literatura de Cervantes", confesó Padilla (Ciudad de México, 1968). El estudio, titulado El diablo y Cervantes, señala que Miguel de Cervantes fue "un hombre extremadamente confundido" con las pugnas y la multiplicidad de su época, en particular con la crisis religiosa que causó la Reforma de Lutero y el Concilio de Trento (1545-1563). Según Padilla, aquella crisis en el mundo cristiano de entonces tuvo un profundo efecto en Cervantes, quien como mucha gente de la época, no encontraba en la religión las respuestas que necesitaba para su vida. Él afirmó que Cervantes era en buena medida un hombre obsesionado con el mal, que tenía "un interés, una inclinación" hacia lo diabólico y eso quedó plasmado en su obra, en sus refranes y en su dimensión carnavalesca. El Quijote es un libro sobre la libertad basado en buena medida en un "mundo al revés" cargado de "paradojas", está impregnado en su lenguaje de términos relacionados con el mal, de expresiones de satanización de las minorías étnicas y de registros de este tipo. Ingenio y humor. Padilla cree que la obra clásica cervantina habría perdido parte de su ingenio lingüístico y a varios de sus personajes sin la presencia recurrente de endemoniados, encantamientos y otros reflejos del mal en una obra en que "hay muchísimo que puede ser interpretado como diabólico". Padilla, Premio Primavera de Novela 2000 por Amphitryon, aparte del análisis de Don Quijote de la Mancha, se adentró en otras obras como las Novelas ejemplares y Los trabajos de Persiles y Segismunda. El novelista espera que su ensayo sea "leído como una invitación" para que especulemos y reflexionemos mucho más sobre el mal en clave de humor, algo que echa de menos en un mundo actual. Según el escritor, urge recuperar el sentido del humor, lo que en su época logró Cervantes en un mundo turbulento con el Quijote. Padilla es autor de novelas como El año de los gatos amurallados (1994), Las tormentas del mar embotellado (1994), La catedral de los ahogados (1995) y Si volviesen sus majestades (1996), entre otras. El escritor pertenece a la llamada generación mexicana del Crack, integrada también por Jorge Volpi y Eloy Urroz, muy preocupada con el cuidado del lenguaje y la universalización de su literatura.
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