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Estado de ánimo Bruno Stagno Ministro Relaciones Exteriores Releyendo un libro de la adolescencia, "Historia de la Humanidad", su autor W. H. van Loon, califica al Renacimiento como un estado de ánimo nuevo, luego del oscurantismo de la Edad Media. Sin dudas ese fue un estado de ánimo de tal inspiración y encanto que tuvo la energía suficiente para reorientar la vida del Occidente hacia nuevos horizontes y fijar una conducta para gran parte de la humanidad. Al situar al hombre como medida de las cosas, se dio un impulso hacia las realidades de la vida terrenal. El pensamiento y las obras repercutieron y dieron resultados como la curiosidad, la libertad, el descubrimiento de los confines del planeta, la exaltación de la figura humana, una literatura desenfadada, un arte y una arquitectura nuevos y audaces prácticas comerciales. El estado de ánimo que estaba detrás de lo emprendido estuvo lleno de positivismo. Es iluminada la observación de van Loon al otorgar al estado de ánimo un efecto detonante. Incluso los hombres de ciencia de hoy, reconocen un inexplicable poder en el estado de ánimo para transformar las realidades. Incluso en situaciones tan negativas como puede ser un cáncer avanzado recomiendan actuar con buen ánimo, jamás bajar la guardia y luchar por un desenlace favorable. El estado de ánimo, cuando contagia a poblaciones enteras, logra una energía y un entusiasmo sin los que sería difícil comprender ciertos acontecimientos. La resistencia de Londres a los constantes ataques aéreos del Tercer Reich, o la marcha de Mao a través de toda China, o la Revolución del 48, son ejemplos cercanos de colaboración colectiva que demandaron un especial estado de ánimo para lograr los objetivos que todos nosotros conocemos. El espíritu positivo con que se contagia la gente, da confianza al grupo porque las voluntades individuales que se suman, logran efectos colectivos con gran energía. Napoleón Bonaparte, desilusionado por la negativa del Directorio a su solicitud de envío de refuerzos de tropa durante una de sus campañas en el exterior, pidió en sustitución que se le enviara una partitura de La Marsellesa para cada uno de sus soldados. Los generales de antaño comprendían el poder de la arenga antes de entrar en el campo de batalla y el sentido de grupo y unidad que el canto de un himno provoca. Para vencer el marasmo. Es costumbre de muchos pueblos endosar toda la responsabilidad a los gobernantes, una vez escogidos, y luego desligarse de su responsabilidad personal conformándose con esperar los resultados del equipo que ejecuta el programa que apoyaron con sus votos. Están también los que concuerdan con el programa del equipo de gobierno, pero con su extrema pasividad se convierten en un lastre pesado cuyo resultado es el efecto submarino, porque contribuyen a hundir al país. Ahora bien, la pregunta es: ¿Cómo se logra generar un estado de ánimo colectivo para salir del marasmo? La respuesta es múltiple porque cada uno de nosotros tiene su propia respuesta; sin embargo, si aspiramos a superar el estado de depresión que ha ido aumentando en la población desilusionada, sería necesario crear las condiciones favorables para un estado de ánimo que pueda sumar fuerzas. Lo que parece evidente es que se necesita una suma de voluntades individuales. Unos con más entusiasmo que otros, pero todos enfocados en objetivos comunes, que superen las aspiraciones particulares. Es necesario salir de la burbuja de las realidades individuales para abrazar las colectivas y actuar por ellas con sinceridad. Solo entonces habrá un vehemente impulso con voluntad de superación. El dibujo de Leonardo da Vinci, del hombre vitruviano que se inscribe simultáneamente en el círculo del universo, abriendo brazos y piernas (lo colectivo), y rígido dentro de los límites del cuadrado de sus realidades (lo individual), fue un símbolo genial para identificar el espíritu del Renacimiento. Nuestra realidad es otra: seis siglos han transcurrido y la historia no ha pasado en vano; sin embargo, los hombres seguimos actuando por impulsos y motivaciones y en nosotros el estado de ánimo resulta ser una actitud crucial para determinar el curso de la humanidad.
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