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Ojo crítico Rodolfo Cerdas La oposición en su totalidad debe poner las barbas en remojo. O comprende la estrategia y descifra el estilo que el Presidente parece querer imprimirle a su gobierno, o va a tener que ir a remolque, protestando sin consecuencias y agostando sus horizontes. El Ejecutivo está haciendo política de otra forma y modificando de hecho las reglas del juego. Obliga a los demás a hacer lo mismo. Pero ese solo cambio en la manera de abordar la acción política abre la puerta de la sanación de esta democracia enferma. Más que nunca la firme oposición al gobierno es indispensable, tanto por los temas que están planteados, como por el parteaguas histórico que algunos significan para el país. Por eso, la labor opositora no debe gastarse en la parálisis simbólica de siempre, sino que supone una gran iniciativa, que trasciende la Asamblea y el texto estrecho de los proyectos. Es la hora de la imaginación, de la creatividad, de acercar la política a lo social, a la realidad nacional. Es hora de desarrollar una oposición democrática leal, que no se quede confinada en el Plenario, sino que salga a cielo abierto, donde una ciudadanía clama por nuevos líderes, más responsables, más modernos, mejor informados y con iniciativa y creatividad. Don Óscar está concentrando el poder en Casa Presidencial y eso, si existe el contrapeso y control eficaz de una oposición decidida, puede ser bueno y saludable. Está, de hecho, reformando el Poder Ejecutivo en una reorganización que, aunque suena bien, requiere refinarse mucho, como solo puede hacerlo el lijado constante y cuidadoso de una oposición sólida y coherente. Y, en fin, está buscando adelantar reformas fiscales que suponen, como contrapartida de sus opositores, no un coro de grillos que le cante o le aturda, sino tribunos consecuentes en la defensa del ciudadano de carne y hueso, que está harto de mirar inerme el desperdicio de los recursos, el quebrantamiento de las normas y los controles por presidentes y ministros, y el manejo alegre y despreocupado de los fondos públicos. Con un Estado obsoleto, disfuncional y dispendioso, el control político democrático es vital para poder emprender, en la dirección correcta, su reforma estructural. Llegó la hora de entender, tanto por los políticos como por el propio pueblo, que la firmeza en las decisiones es virtud cuando no es mero capricho; que la oposición política es una necesidad de la democracia cuando no es sinónimo de obstrucción y rencilla; y que, si con el equipo que formó don Óscar y el equipo de quienes se le oponen, no logramos entendernos para sacar adelante y bien al país, entonces no habrá ni cuándo ni con quién.
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