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Conocimiento y futuro común Un espacio compartido del conocimiento entre Europa, América Latina y el CaribeSonia Marta Mora E. Cálido, abierto, cordial. El pueblo de Costa Rica no se equivoca. Estos atributos de don Felipe de Borbón se acompañan de un vivo interés por conocer, desde diversos puntos de vista, los más significativos retos de nuestra pequeña patria. Pero lo que más nos llamó la atención del heredero de la Corona española fue, sin lugar a dudas, esa preocupación por el conocimiento, la educación, la ciencia y la cultura que continuamente afloró en su conversación. Fundamental resulta este interés en momentos en que se reconoce, a nivel mundial, la necesidad de que el conocimiento pueda permear todos los ámbitos de la vida social y que su impulso vigoroso, mediante la integración entre disciplinas, nos acerque a la construcción de una sociedad más próspera, más justa y equitativa. Esta aspiración requiere de cambios notables en la dinámica de la cooperación y la integración regional. Precisamente en el pasado mes de abril y gracias al patrocinio, entre otras entidades, de la Fundación Príncipe de Asturias, tuvo lugar en España un importante encuentro en que las universidades de la Unión Europea y de América Latina y el Caribe elaboraron una propuesta con el fin de someterla a la Cumbre de Jefes de Estado que por estas fechas se celebra en Viena. Con una clara visión acerca del papel de la educación superior en el impulso del desarrollo humano, la Asociación Europea de Universidades y el Consejo Universitario Iberoamericano, CUIB, se dieron a la tarea de construir los principios, prioridades y recomendaciones en que se sustente un espacio compartido del conocimiento Europa/ América Latina. Prioridades concertadas. Fundamentales son las prioridades concertadas. En lugar privilegiado, la formación de recursos humanos altamente calificados, particularmente a nivel de doctorado, que nos garantice una nueva generación de investigadores y profesores universitarios. En íntima relación con lo anterior, el aumento decisivo de la movilidad de estu- diantes, investigadores y personal académico, en ambas direcciones, para lo cual resulta urgente -como lo explicita la Declaración respectiva- avanzar en disposiciones para el ágil reconocimiento de estudios dentro de rigurosos parámetros internacionales de calidad. El fortalecimiento de la cooperación para elevar la calidad de programas e instituciones, con un claro respeto a las identidades regionales, de forma que la excelencia constituya la base sólida sobre la cual sustentar la confianza recíproca y la transparencia de las acciones, complementa las líneas de trabajo mencionadas. Esta visión solo es posible si la generación de conocimiento nuevo y socialmente pertinente se coloca en un lugar central de la agenda. Efectivamente, la investigación conjunta basada en acuerdos interinstitucionales inscritos en una estrategia integral y de largo plazo se constituye en otra de las prioridades, junto a un nuevo impulso del trabajo con las empresas y, en general, con el sector productivo, y a un reforzado énfasis en la dimensión de aprendizaje de idiomas. La necesidad de un permanente intercambio de información acerca de los procesos de transformación, hoy impostergable, de los sistemas de educación superior en ambas regiones, cierra un conjunto de tareas compartidas con las cuales se comprometen las universidades representadas. Este esfuerzo, que conduce a la elaboración de un plan de acción con iniciativas, plazos y responsabilidades concretas, retoma las conclusiones que el CUIB había desarrollado en la Universidad Nacional Autónoma de México en marzo del presente año. Allí se trazan las líneas de un espacio iberoamericano del conocimiento, de un nuevo iberoamericanismo en el cual el diálogo intercultural, el beneficio recíproco sobre la base de la solidaridad y el fuerte impulso a la investigación, la ciencia y la tecnología ocupan un lugar central. Reflexión y acción. Gracias a esta labor un conjunto de recomendaciones han podido sistematizarse de cara a la cita en Viena. Entre otras, la necesidad de que gobiernos y universidades coordinen esfuerzos para dar un efectivo seguimiento a los acuerdos y programas concertados. A las instituciones de educación superior se les hace un llamado para que potencien de mejor manera los instrumentos nacionales y regionales que dinamicen la cooperación y la dimensión internacional de su trabajo. Por su parte, a los gobiernos se les solicita un compromiso activo con la modificación de las condiciones de trabajo de los investigadores y con la eliminación de barreras que desincentivan la imperiosa movilidad de científicos y personal de alto nivel. Y la disposición de un financiamiento creciente para la investigación y la formación de recursos humanos especializados, que reúna los esfuerzos tanto de la inversión pública como del sector privado, constituye un elemento indispensable de esta nueva estrategia de trabajo conjunto. La construcción de un espacio compartido del conocimiento Europa/América Latina y el Caribe es una meta ciertamente ambiciosa y compleja. Significa poner a prueba la capacidad real de coordinar e integrar voluntades en cada una de las regiones y de repensarnos, creativamente, hacia el futuro. Significa también pasar de la reflexión a la acción y asumir realmente un cambio en las prioridades tradicionalmente acordadas a la relación entre los países. Avanzar en esta dirección es determinante para naciones que, como Costa Rica, vienen haciendo esfuerzos por trazar una estrategia de desarrollo que reconoce el papel central del conocimiento en la construcción de nuevas alternativas para el bienestar de la población .Colocar a la cultura, la ciencia y la tecnología, como realmente corresponde, en un lugar destacado de los procesos de integración mundial y en la conciencia de ciudadanos, educadores, empresarios y gobernantes es un hermoso reto para numerosas entidades que, como la Fundación Príncipe de Asturias, han decidido innovar y apoyar iniciativas con una novedosa y amplia visión de nuestro futuro compartido. Formulamos votos por que el conocimiento sea, realmente, un invitado a la cita.
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