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Pinta bien


Alejandro Urbina
aurbina@nacion.com
Director

A menos de una semana del cambio de Administración, ya se respiran aires de esperanza. Cada cuatro años nos ilusionamos; dejamos atrás a un gobierno desgastado y damos la bienvenida a un equipo lleno de esperanzas y buenas intenciones. A veces la ilusión es de escasa intensidad y dura poco. En otras ocasiones, como en esta, esperamos que ocurra lo contrario. Una serie de eventos, aislados a primera vista, dejan entrever la posibilidad de un cambio duradero y para bien.

Al fin terminó la payasada. Costa Rica tiene presidente. En su discurso inaugural don Óscar Arias apuntó el camino. Nos guste o no el rumbo que señala, el mensaje fue el de un estadista, con sentido de país y -¡albricias!- sin los vergonzosos dicharachos que soportamos durante cuatro años. Pero el origen del cauteloso optimismo que algunos sentimos no se limita al discurso presidencial. La actitud en el Congreso, en las primeras intervenciones de los miembros del gabinete y, en general, de muchos trabajadores honestos del sector público, augura, por el momento, un mejor futuro.

La sobriedad de la sesión del 1.º de mayo en la Asamblea, la transparencia del acuerdo entre el PLN y el Movimiento Libertario y el expedito cumplimiento de varios de sus compromisos empiezan a recuperar el respeto que merece el Congreso. El rechazo de una comisión de asuntos municipales mixta, que por su naturaleza se embarriala, también presagia una oposición en el Congreso más madura. Incluso los radicales francotiradores, como punto extremo de referencia, mantienen más centrados a los demás.

La misma actitud remozadora se siente en los ministerios e instituciones públicas. Esta semana La Nación reveló irregularidades en el Ministerio de Agricultura, en Japdeva y en la Presidencia, en el ICE, en el INVU, y ayer en la Policía. Durante un buen rato seguirán saliendo a la luz pública las corruptelas, por acción o por omisión, de estos tristes cuatro años. Con el apoyo de los nuevos jerarcas, algunos honorables servidores públicos, hastiados de presenciar chanchullos, han fortalecido sus denuncias. En La Nación encontrarán, como siempre, un respaldo total. Afortunadamente, este gobierno empieza, no precisamente por el empeño del anterior, con intachables personas a cargo de las instituciones claves, Fiscalía y Contraloría, con las que llevar a cabo la limpieza.

El Presidente y su gabinete deben aprovechar este (pasajero) sentimiento nacional. La esperanza se desvanece rápidamente si no se perciben resultados en el corto plazo, aunque sean solo de forma. Pocas situaciones influyen en el espíritu nacional como nuestra percepción sobre el estado de las carre- teras. Aun remendar la infraestructura vial requerirá mucho tiempo; ni qué decir de construir obra nueva. Sin embargo, una buena señalización de todas las carreteras confirmaría el nuevo rumbo y les compraría un poco de tiempo. Es incomprensible cómo pueden rellenar los huecos de algunas carreteras, pero no pintarlas ni demarcarlas.

El peor ejemplo de la falta de señalización ocurre en la carretera más transitada del país, la Braulio Carrillo. Al bajar del Zurquí hacia Guápiles, se encuentra uno con miles de furgones provenientes de Limón. De pronto unos más rápidos deciden adelantar a otros y asumen el centro de la carretera. Ante esta situación, los conductores más experimentados (viejos) que alguna vez transitamos sus tres carriles bien demarcados no nos asombramos tanto, pero los turistas quedan completamente atónitos al ver un "borrador" que se les viene encima. Da vergüenza y miedo.

El pueblo le dio otra oportunidad a don Óscar de lucirse. Ha empezado bien. Nos gustaría que logre pintar bien las calles y mucho más.n

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