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¿Cuántas Abigail más morirán? Salvemos a nuestros menores de un mal que no respeta sexo ni condición socialIlse Pacheco Méndez ilsepacheco@yahoo.com El 9 de marzo del 2006, en un cafetal de Santiago, La Unión, Cartago, apareció el cuerpo sin vida de Abigail, una joven de 15 años, quien meses antes se había iniciado en la drogadicción y deambulaba por las calles. Murió asesinada de un golpe en la cabeza. Mientras su madre buscó la ayuda que no llegó a tiempo, Abigail era consumida por el crack y finalmente encontró la muerte. No es posible que menores de edad rebeldes, que se van de sus casas por diferentes motivos, estén expuestas a todo clase de peligros, incluyendo la muerte, sean usadas como objetos, explotadas por personas -si así se les puede llamar- que hacen negocio de esta población y a cambio de un "favor" les pagan con algo de comer, un cartón para dormir o droga, en el mejor de los casos. ¿Derechos? No es posible que ni el PANI ni ninguna otra institución gubernamental puedan hacer algo por detener esto porque, si la menor no quiere por su propia voluntad, no se le puede obligar a ingresar en un albergue o centro porque "no se pueden violentar los derechos del menor" -así dice la ley en la que se ampara el PANI-. Y ¿dónde está la ley cuando son violadas, utilizadas como objeto sexual, usadas como "burros", cuando las ponen a robar, y peor aún cuando son asesinadas? ¿Cómo se le va a pedir a una persona que se encuentra en esta situación, desestabilizada emocionalmente, que tome una sabia decisión y piense con madurez? Hayan vivido lo que hayan vivido, en sus mentes siguen siendo niñas. Pero si están en las calles, las culpables, criticadas y señaladas, siempre van a ser sus madres, y ahí sí la ley está presta a ser aplicada, sin molestarse en averiguar si han desgastado sus vidas tratando de salvarlas, tocando puertas que nunca se abren, yendo y viniendo a oficinas gubernamentales, esperando una lenta repuesta. A nadie importa. Cada día se suman a las calles más Abigail, sin que a nadie le importe más que a sus familiares ni se haga nada por actualizar las leyes o se busquen los recursos necesarios para darle una pronta solución a este mal. Quiero alertar a los padres de familia para que estén vigilantes y contarles cómo es que se inician en esta "vida". Existen pandillas que enseñan que la droga, el libertinaje, la rebeldía, la prostitución y el robo son actividades mucho más emocionantes y divertidas que obedecer a sus padres y estudiar. Comienzan perdiendo el interés por el estudio y la familia, llegan a sus casas después en la madrugada, y el paso siguiente es la desaparición por días, hasta que ya no vuelven. Horror compartido. Hablo con conocimiento de causa, en mi nombre y en el de muchos padres y madres que están viviendo este horror, quienes acuden en primera instancia al OIJ denunciando la desaparición de su hijo y se encuentran con la desilusión de que son tantos los menores desaparecidos o que huyen de sus casas que no es posible dar con ellos; hay otros casos más importantes a los que hay que dar seguimiento que a la "simple fuga de un adolescente". Se necesita del PANI y de nuestras instituciones que tengan oportuna intervención, que presenten a la Asamblea Legislativa una actualización de las leyes que las rigen, que cuenten con personal capacitado que, identificado con la situación, trabaje con abnegación, diligencia y pasión ante cada caso. ¿Cuántas Abigail más tendrán que morir para que se preste debida atención a este grave problema? Unámonos en un mismo sentir, hagámonos oír y salvemos a nuestros hijos, que este mal no respeta sexo ni condición social.
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