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Enfoque Jorge Vargas Cullell jovargas@nacion.com Esa noche en el callejón oscuro de la política pidió fuego, cigarrillo en mano. Lo cosieron a balazos. Moraleja: el cigarrillo mata o, lo que es lo mismo, la política da sorpresas, especialmente cuando uno recibe lo que pide. El cuento viene a propósito del pedido de apoyo multipartidista por parte del nuevo Gobierno para una agenda legislativa que incluye la reforma fiscal, un cambio constitucional para aumentar la asignación de gasto en educación al 8% del PIB, ajustes a la ley de concesión de obra pública, ampliar las capacidades institucionales del Poder Ejecutivo, el fortalecimiento del ICE y, por supuesto, apoyo para la aprobación del TLC y las leyes complementarias relacionadas, que constituyen la piedra angular de esa agenda. Fuego necesita el Gobierno para encender el cigarrillo de la gobernabilidad. Y fuego o, más precisamente, fuego cruzado es lo que los partidos opositores le darán una vez que salgamos de la actual ronda de cortesías. ¿Reforma fiscal? Para unos significa "flat tax" y para otros gravar a los sectores económicos más dinámicos y a los grupos de mayores ingresos. ¿Fortalecimiento del ICE? Unos pujan por la República independiente del ICE, monopolio incluido, y otros desean ajustes institucionales para abonar el terreno de la apertura. Del TLC ni hablar, ya que separa las aguas como Moisés en el mar Rojo. Y así con cada tema: todos los partidos responderán a la solicitud gubernamental, a su manera claro está. El truco de la historia -y toda historia tiene truco ya que, como diría el personaje de Sábato en El Túnel, detrás de las cosas simples siempre hay móviles complicados- es que, esa noche, el Gobierno no era el único personaje que pedía fuego en el callejón oscuro de la política. El PAC y los libertarios también andaban cigarrillo en mano. La pregunta estrella es: ¿qué hacían ahí, tan a deshora, todos estos personajes? Seguramente el Gobierno pensaba en cómo hacer avanzar una agenda que necesita de socios cambiantes: los votos a favor del TLC no necesariamente serán los mismos que los de la reforma fiscal o la modernización del ICE. El PAC se rompería los sesos sobre cómo convertirse en el principal partido opositor. Si hace una oposición suave, cede iniciativa a las fuerzas extraparlamentarias anti-TLC; si endurece mucho, empuja al Gobierno hacia una coalición estable con los libertarios. Estos, a su vez, se preguntarían cuántas infidelidades tolerarle al Gobierno con tal de aprobar el TLC. La jugarreta de última hora de la anterior Asamblea, de revivir el moribundo proyecto reforma fiscal, fue patada en mala parte. Parte oficial: esa noche en el callejón oscuro alguien pidió fuego y alguien disparó. Sin pistas sobre víctimas ni victimarios. Por ahora.
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