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Ottón y el TLC Los próximos meses servirán para demostrar concordancia entre dichos y actuacionesSaúl Weisleder Con la llegada al gobierno de don Óscar Arias y su equipo, el país retorna a una senda de definiciones y decisiones importantes, dejando atrás este largo período de desorientación que, gracias a la solidez de las instituciones y a la madurez de nuestro pueblo, no acabó en caos y crisis, pero sí produjo mayor pobreza y desigualdad. Pero no será fácil lo que sigue. Y no lo será para los gobernantes, pero tampoco para los otros líderes políticos ni para el pueblo en general. La nueva administración se plantea un programa de gobierno que aspira a llenar vacíos importantes en la vida cotidiana de los ciudadanos y, a la vez, a sentar las bases de un desarrollo más inclusivo y solidario. Y todo esto conlleva acciones que permitan aprovechar las oportunidades de un mundo cada vez más amplio en el que Costa Rica se ubica como un factor de mayor peso que el que su pequeñez geográfica, demográfica y económica, indicaría. Pero también es un mundo que presenta mayor complejidad en la interacción de factores internos y externos, incrementando las amenazas que acechan a nuestra sociedad. ¿La respuesta? Una profundización del "estilo costarricense de desarrollo" remozando nuestras fortalezas y aplacando nuestras debilidades. Y esto compromete a tirios y a troyanos. Primera prueba. En ese contexto, don Ottón Solís y el partido que él lidera no pueden escabullir la responsabilidad que les compete. Seguramente la primera prueba que tendrán será su actuación ante el TLC con Estados Unidos. Don Óscar Arias, con pragmatismo y responsabilidad, ha señalado que el país debe tramitar, conforme a las reglas de nuestra democracia, ese tratado y la agenda de desarrollo que lo complementa y contextualiza. A su vez, el PAC y su líder han manifestado su oposición a ese proyecto. Y tienen todo el derecho a hacerlo. Su oposición parlamentaria es debatible, pero sería legítima. No lo sería, sin embargo, una oposición en los términos en que algunos líderes sindicales la han planteado. Y he aquí el serio dilema político de don Ottón: el resultado electoral indica no solo que una mayoría de los votantes se pronunciaron a favor de este TLC en una proporción de por lo menos el 60%, sino que de la votación del PAC para presidente, más del 30% rechaza una estrategia que no reconozca las reglas democráticas y que pretenda bloquear fuera del Parlamento lo que este ha de resolver. Y compete a Solís y a sus más cercanos colaboradores interpretar correctamente esta circunstancia y actuar en consecuencia. El hecho de que haya quienes pretenden aplicar reglas distintas de las más preciadas normas democráticas hace que encarar este dilema de manera abierta y clara no sea una postura teórica, sino una disyuntiva real. Sin ambigüedad. Habrá otras decisiones importantes. Habrá debates y procesos que permitirán a la oposición y al Gobierno alcanzar acuerdos o marcar diferencias de manera clara y tajante. Pero en lo que no puede haber ambigüedad es en el respeto a las normas esenciales de la democracia. Otros pueblos han sufrido por décadas el producto de la intolerancia. La historia de América Latina que ha vivido nuestra generación está llena de dolorosos ejemplos de represión, miseria y sufrimiento como para ignorar el costo del autoritarismo de los extremistas de diversos pelajes. Solo Costa Rica, en toda esta región, ha evitado e impedido la ruptura democrática. Uruguay, Brasil, Argentina y Chile, para citar algunos casos, celebran ahora la reconstrucción de su posibilidad de pluralismo y convivencia pacífica. Todos tenemos amigos que han vivido el dolor de la represión y el exilio y lamentan y lloran los largos años que tuvieron que padecerlos y los sacrificios que conllevó su recuperación; ellos son los mejores testigos y consejeros de que la democracia no es un "bien libre", sino el producto cotidiano de decisiones maduras e inteligentes. Ottón ha dicho que se opone a algunos aspectos del TLC; ha dicho que si él hubiera sido elegido presidente, intentaría renegociarlo; pero también ha dicho que respeta la voluntad y los procesos de la democracia y que está comprometido con la transparencia y la honestidad. El resultado electoral abre un amplio espacio de coincidencias para avanzar hacia un desarrollo sostenible y solidario. Los próximos meses serán decisivos para demostrar concordancia entre dichos y actuaciones.
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