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'Debemos tomar decisiones' Presidente promete profundizar vínculo con la economía mundialOfrece solucionar 'perenne crisis fiscal' para aumentar la inversión social Mauricio Herrera U. mherrera@nacion.com Al asumir la presidencia por segunda vez en 20 años, Óscar Arias Sánchez ofreció ayer ejercer un mandato que tome decisiones. Así, propuso enrumbar al país hacia la vinculación con la economía mundial, la solución de la crisis fiscal y el combate efectivo de la pobreza y la desigualdad. "No podemos darnos el lujo de la irresolución. Hemos llegado a una encrucijada y debemos tomar decisiones", dijo el abogado y economista en un mensaje de 36 minutos pronunciado en el Estadio Nacional, en La Sabana, bajo el picante sol de mediodía. El nuevo mandatario, de 64 años de edad, reprochó que Costa Rica adoptara la indecisión como "método" para enfrentarse a la vida, y que perdiera el impulso y la dirección en una ruta que, en su opinión, solo conduce al retroceso. "No podemos seguir vagando sin norte, discutiendo interminablemente entre nosotros, persiguiendo el espejismo de la unanimidad", dijo. Advirtió que el progreso no es inevitable y más bien debe ser deseado y construido.
Norte. La primera ruta del gobernante deberá conducir no solo a sacar de la miseria a un millón de costarricenses, sino también a reducir la desigualdad y actuar contra la discriminación de minorías étnicas, discapacitados, ancianos, niños y jefas de hogar. En esa dirección, enfatizó que su gobierno fortalecerá los servicios públicos universales, en especial la educación y la Caja Costarricense de Seguro Social. Adelantó que no se escatimarán esfuerzos para que la inversión educativa equivalga al 8% de la producción nacional, y propuso mejorar el pago a los maestros. Actualmente, el gasto en educación no llega al 6% del PIB. Pero Arias vinculó el deseo de reducir la pobreza, y mejorar la educación y la salud, a las transformaciones en el pago de impuestos. Para él, es vital la creación de un sistema tributario adecuado donde paguen más quienes más tienen. "Debemos entender que una política social efectiva no se construye en el vacío. Se hace con muchos recursos públicos", dijo. "Por ello -añadió- quiero ser enfático en lo siguiente: en esta administración solucionaremos la perenne crisis fiscal del Estado costarricense, de forma tal que pueda realizar las inversiones sociales que Costa Rica necesita". No mencionó explícitamente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, pero dejó claro que otro pilar de su gestión será la integración económica con el mundo. "Profundizaremos la vinculación de Costa Rica con la economía mundial. Vamos a atraer vigorosamente la inversión extranjera y continuaremos teniendo una política comercial decidida, que permita a la mayor cantidad de productores nacionales vincularse a los mercados de exportación". Agregó que dar la espalda a la integración económica, o regresar al proteccionismo comercial y menospreciar la inversión extranjera, constituyen vías para condenar a la juventud al desempleo, y al país al subdesarrollo. "En esto deseo ser muy claro: la soberanía no se defiende con prejuicios ni con consignas, sino con trabajo y planes concretos". Para la región. El mensaje de Arias se dirigió también a América Latina y a Estados Unidos. Señaló que los latinoamericanos deben decidir si crean sociedades más prósperas o escuchan "el verbo encendido de sus líderes políticos". En alusión al fortalecimiento de gobiernos populistas de izquierda, expresó preocupación porque la región está "cada vez menos clara en su adhesión a valores democráticos fundamentales". Pero también dejó claro, sin mencionarlo abiertamente, su rechazo al apoyo que el gobierno saliente dio a la guerra en Iraq, impulsada por Estados Unidos. Anunció que la política exterior volverá a alinearse con la vocación pacífica del país y con la defensa de las decisiones multilaterales. En esa dirección, proclamó una iniciativa internacional para perdonar deudas y ayudar económicamente a países que inviertan cada vez más en salud, educación y vivienda y menos en armas.
Arias se compromete a decir la verdad y a rendir cuentas Mauricio Herrera U. mherrera@nacion.com Para el final de su discurso, Óscar Arias dejó lo que consideró su obligación más importante: el compromiso ético. Decir la verdad, cumplir lo prometido en campaña, rendir cuentas, defender el interés de la sociedad en su conjunto, exigir a los funcionarios integridad y responsabilidad. Estos parecerían ser supuestos obvios para cualquier gobernante e innecesarios de ser mencionados en el discurso para inaugurar el gobierno. Pero en un país todavía impactado por los escándalos de corrupción revelados en el 2004, que involucraron a tres expresidentes de la República, la alusión no es obvia, sino imprescindible. Los efectos se percibieron en las pasadas elecciones, cuando el abstencionismo llegó al 35% y el Partido Unidad Social Cristiano estuvo a punto de colapsar. Y se manifestaron también en la consolidación del Partido Acción Ciudadana- con un discurso centrado en la ética-. Su candidato, Ottón Solís, perdió las elecciones por apenas el 1% de los votos. Ruta ética. Arias, Premio Nobel de la Paz 1987, recalcó que en su Administración será claro e inalterable el rumbo en materia de honestidad en la función pública. "Esa ruta ética pasa por cumplir con lo prometido en campaña, condición mínima para que los costarricenses vuelvan a creer en la política. Pasa por rendir cuentas de todos nuestros actos ante los ciudadanos, por duro que a veces pueda resultar", insistió el gobernante en su discurso. Cumplir lo prometido en la campaña significará aumentar la inversión en educación al 8% del producto interno bruto, es decir, unos ¢280.000 millones anuales más de lo que se necesita ahora. Significará también reducir la pobreza en cuatro puntos porcentuales -que hoy afecta al 21,2% de los hogares-, crear 60.000 empleos por año y recuperar la red vial, entre otras metas. Antes y después de los actos oficiales, el nuevo presidente dijo ante la prensa que comprendía que los costarricenses estén adoloridos con la política y los políticos y reiteró que su reto es recuperar la confianza de los ciudadanos en sus gobernantes. "Esta ruta ética pasa, en primer lugar, por hablarle a los costarricenses con la verdad, por decirles siempre lo que deben saber y no lo que quieren oír", enfatizó el Mandatario. Futuro sin certezas. A lo largo de su mensaje, Arias reiteró que la ruta hacia el progreso y el desarrollo no es un camino asegurado y que el logro de esas metas más bien depende de las acciones concretas que se tomen hoy. "En esta encrucijada la humanidad debe escoger si elimina todas las formas de pobreza o todas las formas de vida del planeta", dijo. Arias rogó a todos los partidos políticos y sectores sociales del país para aprender que nadie "tiene el monopolio de la honestidad, del patriotismo, de la buena intención y del amor a Costa Rica". Él clamó a las fuerzas políticas y sociales para que se sepa distinguir entre adversarios y enemigos y para que se comprenda que transigir no es un signo de debilidad ni la intransigencia signo de fortaleza. Pacheco: 'Ojalá le vaya bien' Ángela Ávalos y José Enrique Rojas aavalos@nacion.com Al salir del estadio Nacional, ya como expresidente, Abel Pacheco deseó suerte a Óscar Arias en estos cuatro años: "Ojalá le vaya bien. Es un hombre lleno de buenas intenciones". En declaraciones a la prensa, calificó el discurso de Arias como "muy bonito" y dijo que el hoy gobernante es "un hombre lleno de buenas intenciones". "Ojalá y Dios me lo acompañe y le vaya muy bien". A partir de hoy, dijo, se toma unos 15 días de vacaciones en "el monte", sin precisar el sitio. Faltó poco para que ambos coincidieran en su salida. Arias dejó el estadio pocos minutos después de Pacheco. Llevaba la banda presidencial y una gran sonrisa. "Muy lindo el acto -dijo-, muy linda la gente, muy especial, muy emocionado tener tantos amigos, que hayan venido tantos jefes de Estado. "Muy importante para la democracia costarricense, los invitados especiales que vinieron, muy lindo el gesto de la Casa Blanca de enviar a la primera dama (Laura Bush)". El presidente mexicano, Vicente Fox, alabó el acto. Su similar de Ecuador, Alfredo Palacios, destacó el mensaje "integracionista" y prometió seguir con proyectos conjuntos en áreas como migración, ciencia y tecnología. La jefa de la fracción del Partido Unidad Social Cristiana, Lorena Vásquez, dijo que su partido coincide con los objetivos que Arias quiere alcanzar en el tema educativo y fiscal. Lineth Saborío, quien hasta ayer al mediodía fungió como vicepresidenta de la República, reconoció sentirse "conforme" porque muchas de las cosas que el pasado gobierno logró madurar le servirán a la nueva Administración. El exministro de Transportes de Pacheco, Rándall Quirós, coincidió con el Presidente en la urgencia de reparar las carreteras y huecos, pero dijo que "el problema de esas buenas intenciones es la falta de dinero". Colaboró Rónald Matute
Entusiasmo venció el calor y el protocolo Colegiales gritaron consignas contra el TLC cuando Arias desfiló por la pistaPríncipe Felipe y Laura Bush fueron los más aplaudidos por el público Ronald Matute rmatute@nacion.com "¡Ahora sí tenemos Presidente!", gritó ayer emocionada Ana Barquero desde la gradería este del Estadio Nacional, mientras, a lo lejos, Óscar Arias Sánchez se colocaba la banda presidencial. Esta mujer había salido a las 6 a. m. de su casa, ubicada en Esparza, con la única ilusión de presenciar la investidura de Arias "en vivo y en directo". Y el esperado momento llegó a las 12:21 p. m. El calor, la espera y los eternos rituales del protocolo ya no fueron problema; Ana se unió al coro de voces que desde todas direcciones gritaba : "¡Óscar!, ¡Óscar! ¡Óscar!". Fue el momento más emotivo del traspaso de poderes. El resto de la jornada, si bien ordenada y ajustada al reloj, discurrió entre actos culturales y oficiales semejantes a los vistos en anteriores cambios. Entusiasmo.Unos 2.000 alumnos de 11 colegios públicos llenaron la gradería sur del Estadio Nacional con movimientos coreográficos. Vestidos con camisas blancas, azules y rojas, estos jóvenes formaron una enorme bandera de Costa Rica que de repente se transformaba en una ola gigante, en una cascada de aplausos o en una mancha tricolor ondulante. Otros que sudaron la gota gorda fueron 60 guías y scouts que recorrían el estadio de arriba a abajo regalando agua y refrescos. El calor era tal que a las 10:54 a. m. se acabó una primera remesa de botellas. Aplausos y travesuras.Por fin, luego de varias horas de espera, los actos oficiales del traspaso de poderes se iniciaron a las 11:29 a. m. El público aplaudió con discreción a las personalidades que se anunciaban. Pero los decibeles subieron en forma notable con el ingreso del príncipe de Asturias, Felipe de Borbón y Grecia, quien recibió la ovación más calurosa. Otras personalidades muy aplaudidas fueron Laura Bush, primera dama de EE. UU.; expresidente de Polonia, Lech Walesa, y presidente de Taiwán, Chen Shui-bian. Óscar Arias ingresó a la pista del Estadio Nacional exactamente al mediodía para dar la vuelta olímpica en compañía de su gabinete y de sus dos hijos, Silvia y Óscar Felipe. El público aplaudió de pie todo el recorrido del nuevo mandatario, quien se detuvo un momento frente a la gradería sur. Fue precisamente en ese momento cuando los colegiales que se encontraban en dicho sector hicieron su travesura del día. En forma sorpresiva, algunos empezaron a corear: "¡No al TLC! ¡No al TLC!". Arias los miró con seriedad y reinició la marcha en busca de la banda presidencial. Traspaso mostró folclor tico, porrismo y danza Alejandra Vargas M. alevargas@nacion.com Más de 600 jóvenes costarricenses -bien asoleados- mostraron ayer su música, bailes y coreografías en seis tarimas dipuestas en el Estadio Nacional para tal fin. El inicio de la jornada (10:45 a. m.) estuvo marcado con palmas y acrobacias de cuatro grupos de porristas -niños y jóvenes-. Hubo también un interludio de "baile de cabeza" o brake dance. Luego, el poema La Semilla, de Jorge Debravo, tomó protagonismo y con él, un centenar de banderas ticas desfiló por la pista de atletismo junto a mujeres vestidas con trajes antiguos -un poco deslucidos- de Costa Rica. Al ritmo de La conquista del paraíso, del griego Vangelis, niñas gimnastas hicieron piruetas y luego -¡hasta que al fin!- los músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil conquistaron aplausos con las Inspiraciones costarricenses. El grupo folclórico Tierra y Cosecha y el grupo Salsa Contemporánea bailaron una selección de música nacional. Una gran banda -con 400 muchachos- cerró con bombos y platillos el acto. Los jóvenes desfilaron por el estadio al ritmo de Oh, Costa Rica y Mi linda Costa Rica. Muchas delegaciones oficiales se retiraron antes de que empezara la ejecución.
Traspasados Aurelia Dobles Traspasados no de emoción ni de orgullo sino, ya saben, de gobierno, prensa a la intemperie y público vimos el acto de reojo. Adivinamos a lo lejos a don Óscar decorado por la banda presidencial y jurando amor eterno -de cuatro años- a la patria, en un recinto semioculto abarrotado de la gente que recibió con él la papa en la mano; tan en petit comité, o perdón, tan en grand comité (por la envergadura de los invitados), que para qué molestarse en hacerlo en el Estadio Nacional. Para esa gracia que transcurrió con tan poca gracia -lo más ameno fue un zaguate que se coló y dio la vuelta olímpica al Estadio-, mejor refugiarse en el foyer del Teatro Nacional, ya que está de moda acordarse de los edificios patrimoniales para los actos protocolarios. Por cierto ¡qué empeño en usar de comedores a los museos! ¿O será una obsesión gobernante por volverse prematuramente piezas de museo? Ah, por cierto, Fernando Zumbado, ministro de Vivienda, me dijo, y él conoce del tema por ser habitacional, que no hay de qué preocuparse, que la Casa Presidencial la trasladarán al Vaticano (sic). Insípido, el acto de traspaso exageró el ahorro encogiendo hasta el pabellón nacional: la bandera apenas se veía de tan enana. A fin de cuentas, pareciera que el traspaso es solo un pretexto para otras reuniones importantes con mandatarios, personalidades y delegaciones extranjeras. Como ahora la realidad solo parece suceder por televisión -la vida está en otra parte, diría Kundera-, las cámaras son las únicas con permiso para acercarse a los dignatarios. ¿Será porque reflejan una realidad de mentirijillas mientras los asuntos de verdad se dirimen entre bambalinas? Salpicada de lugares comunes y de promesas para arriba y para abajo, la carta de buenas intenciones del nuevo presidente dejó claro que buscará el "consenso" para afuera... y quién sabe si para adentro. Tibio entusiasmo en una ardiente gradería Darío Chinchilla dariochinchilla@nacion.com A las 10:40 a. m. la gradería norte de sol del Estadio Nacional estaba floreada de sombrillas. Para cualquier chica, un espacio en la sombra era quizás más cotizado que un beso de don Felipe de Borbón. El entusiasmo del principio se fue marchitando con el calor y la falta de protocolo. Todos estaban allí, desde los venerables abuelos que vestían su traje con estoicismo hasta el trigueño práctico que hizo caso omiso de la solemnidad y llegó en pantaloneta; desde la pechugona escotada hasta la cincuentona con sombrero de ala ancha y gafas más grandes que su cara. A las 11:35 a. m., una nube diluyó las lanzas de luz, suceso que se celebró más que la entrada de los diputados a la sesión solemne. Pasado el mediodía, luego del discurso del nuevo presidente, la gradería empezó a desgranarse. El plato principal del día fue comido con emoción y ahora todo iría cuesta a bajo, en cuenta el discurso del presidente del Congreso, a quien el público apuró y choteó. A la salida del estadio, una garúa marcaba el principio de una tarde que desquitaría con sobrada agua los ardores de la mañana. "Mejor verlo por tele con un fresquito", se despedía un prójimo.
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