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Limitado acceso a prensa en última cena de Pacheco Periodistas de Panamá, Nicaragua y Haití se fueron sin hacer su trabajoÁngela Ávalos y Cynthia Briceño aavalos@nacion.com Por orden del mandatario saliente, Abel Pacheco, la prensa no pudo ingresar al Teatro Nacional para cubrir la cena de gala que el Gobierno ofreció a las comitivas visitantes. Marco Antonio Anchía, quien se identificó como jefe de seguridad, informó a los periodistas y fotógrafos de El Salvador, Panamá, Nicaragua, Haití y Costa Rica que el Presidente había prohibido el ingreso de la prensa.
Por eso reporteros como Otoniel Pérez, de El Salvador, y el nicaragüense Felipe Orellano se tuvieron que retirar sin hacer fotos del encuentro que Pacheco sostuvo con al menos 30 delegaciones de países invitados al traspaso de poderes que se realizará hoy. Ello a pesar de que los encargados de protocolo de la Casa Presidencial los hicieron esperar en la puerta norte del Teatro casi 40 minutos, garantizándoles el ingreso. Aduciendo razones de seguridad, impidieron el acceso al concierto que se ofreció a los visitantes y al brindis de Pacheco antes de la cena prevista. Los cuerpos de seguridad desplegaron un fuerte dispositivo de seguridad alrededor del Teatro Nacional. Sin embargo, turistas y algunos transeúntes pudieron filtrarse sin mayores controles y acercarse a las puertas del Teatro. Algunos, como los mexicanos Alejandra Mejía y Fernando García, incluso tuvieron más facilidades que la prensa para hacer tomas de los invitados. Ellos se alojaban en el hotel Costa Rica, al costado oeste del Teatro.
Poco brillo y mucho desorden en el Teatro Cynthia Briceño O. cbriceni@nacion.com Cubiertos por un carro Toyota Prado azul, el presidente de la República, Abel Pacheco, y su esposa, Leila Rodríguez, llegaron a la cena de gala en el Teatro Nacional de manera discreta. El mandatario saliente y su esposa apenas si dirigieron la mirada al escaso público que miraba tras las rejas de seguridad. El ingreso esquivo del Presidente marcó la tónica de lo que sería el resto del desfile de mandatarios e invitados especiales: apresurado, desordenado y deslucido.
Y es que si algo brilló la noche de ayer, pero por su ausencia, fue el trabajo de la oficina de protocolo de la Casa Presidencial. No hubo alfombra roja, tampoco edecanes -llegaron con dos horas de retraso- e incluso la funcionaria encargada de recibir al príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, lo hizo mientras masticaba chicle. Los invitados ingresaron sin orden alguno y tras superar un caos vial. La cena, servida en el foyer, estuvo a cargo del Club Unión, y la decoración, con flores tropicales, en manos de Carlos Gil.
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