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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Convencido de mi ignorancia y sediento de saber, leí el documento del Consejo Universitario de la UCR sobre el TLC, publicado en La Nación el domingo anterior y remitido a la comisión pertinente de la Asamblea Legislativa. Mi fruición inicial se trocó, sin embargo, al final, en angustia, al punto de que me pregunté, inspirado en el lema de la UCR, lumen aspicio (miro la luz): ¿dónde está la luz? Aún más, ¿dónde quedó el artículo 3 del Estatuto Orgánico de la UCR, citado en dicho documento, que obliga a esta a estimular "la formación de una conciencia creativa, crítica y objetiva en los miembros de la comunidad costarricense."? Una respuesta o toma de posición de un consejo universitario sobre un asunto nacional exige, según los maestros en la materia, tres componentes básicos: objetivación (distanciamiento, control de las emociones y de la ideología), escucha activa (de uno mismo y del otro, a fin de comprender) y argumentación (afirmación argumentada del propio punto de vista, supuesto que un buen argumento es aquel que procura con la fuerza de las buenas razones la adhesión ajena o, al menos, el respeto). Con todo respeto, nada de esto, ni lejanamente, figura en el texto del Consejo Universitario, convertido, no sé por cuál demiurgo o en cuál debate interno, en una letanía de juicios de valor extraídos, con estilo desaliñado, de las proclamas patrioteras y de los anacrónicos rollos sindicales y políticos enemigos del TLC. En este texto figuran, entre otras, perlas como esta: "No parece haber existido (sic) en la historia de la legislación nacional un proyecto tan debatido, tan estudiado y tan analizado o cuestionado como lo ha sido el TLC". Y ¿el participio pasivo "aceptado" o "apoyado" no existe? ¿No han leído las encuestas? Según el Consejo Universitario, no hay en el TLC nada beneficioso, ni una brizna, para Costa Rica. Todo en él es malo y, además, antidemocrático, antisolidario y antipatriótico, por lo que los negociadores ticos merecen, por perversos y tontos, el ostracismo o la horca. Solo un grupo de iluminados en la UCR ven las tinieblas (lumen aspicio) que la mayoría no vislumbramos. La iluminación es de tal fuelle que hasta les dan consejos al resto de países centroamericanos para que abran los ojos. Esperemos que, en el siguiente round, el Consejo Universitario nos explique de dónde vendrán, sin TLC, los nuevos empleos de calidad o, en general, las inversiones que produzcan los crecientes impuestos para sostener a las universidades. ¿Funcionará la democracia callejera? Luz, más luz: las últimas palabras de Goethe.
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