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La familia del ladrón Hay una rara psicología familiar inmersa en el trasfondo de toda acción delictuosaEnrique Obregón Valverde Hace pocos días, tres individuos entraron al anochecer a la cochera de mi casa y se robaron el pequeño y único automóvil familiar. Después de hacer las gestiones de denuncia ante los organismos oficiales correspondientes, y cansados de tanto ajetreo, mi nieto Luis Diego, que vive en nuestra casa y que ayudó en tales trámites, me comentó al calor de una copa de vino que tomábamos horas después: "Abuelo, ¿qué pensará la familia del ladrón, la esposa, sus hijos, sus hermanos o sus padres? ¿Se quedarán tranquilos aceptando como normal que el jefe de familia -o el hijo- llegue con un vehículo que no le pertenece, con electrodomésticos o una cantidad grande de dinero? ¿Lo aceptarán, se sentirán felices con la nueva riqueza igual que los cachorros del león cuando su madre trae una parte del ciervo que capturó?". Confieso que yo no había pensado en esta dimensión social, de una rara psicología familiar inmersa en el trasfondo de toda acción delictuosa, independientemente de que ocurra en sectores marginales o en la más alta clase de la sociedad. ¿Habrá algún sentimiento de culpa, de solidaridad, reproche o vergüenza, de la esposa, de los hijos, de los padres? Tragedia menor. Desde el primer momento, tomé el asunto con cierta tranquilidad, agradeciendo al destino el despiste por no habernos dado cuenta del robo pues, de lo contrario, alguna tragedia mayor estaríamos viviendo. En definitiva, perder un vehículo es un daño menor reparable. Mi esposa y mi nieto anduvieron un rato detrás de mí pensando que podía afectarme demasiado la fuga anticipada del automóvil; pero, cuando se dieron cuenta de que no daba mayor importancia al suceso, me abrazaron y comenzamos a reír. Con la serenidad del caso, les dije que algún día compraríamos otro automóvil. Por el momento estoy pensando que desde hace muchos años no se nos ocurre montarnos en un autobús. Agregué: que esto sea un buen motivo para viajar en el tren que de nuevo ha comenzado a circular. De repente, podemos encariñarnos con el tren y dejamos de pensar que un automóvil es algo completamente imprescindible. Tarde de la noche, al quedarme casi totalmente dormido, volvió a inquietarme la pregunta de mi nieto: ¿Qué pensará la familia del ladrón?
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