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¿Hasta Dios se vuelve sordo? Vale que, en el más absoluto silencio, un cartujo tico está redimiendo a bárbarosVíctor Valembois Yo, que me dedico con ahínco a construir y reconstruir puentes entre ambos lados del Atlántico, me topo a veces con similitudes sorprendentes. Por ejemplo: tanto los romanos imperiales como los mexicanos, en tiempos del no tan cariñoso encuentro, tenían un lugarcito para el "dios desconocido". Lo acogían con agrado y lo veneraban con los demás. Constato que en Costa Rica también volvió a surgir el interés por este culto. inculto, nada amigable con los otros ciudadanos. Uno de esos en su panteón tiene que ser el dios sordo que el domingo se alaba en San Pedro de Montes de Oca, por la línea del tren (sí, este que sigue estruendoso, con un 1% de ocupación promedio). Pero, de por sí, los otros días de la semana, no falta entretenimiento escandaloso: todos los lunes por la mañana y cada vez que falla la corriente el (a todas luces y oídos) generador de electricidad y de ruido del Banco Popular; varias noches, los vecinos a cien metros alrededor aprovechamos un spinning con la voz estridente que dirige a unos deportistas y no falta algún horario diurno cuando desde el colegio, cerca, unos megáfonos hacen educación cívica. al vesre. Y, claro, faltaba más, pese al cierre de algunos bares, todas las noches, en esta calle de la dulzura donde vivo, aprovecho el concierto gratis desde la amargura. Definitivamente, no soy correligionario de esas estridencias. Por lo general, ruido es sinónimo de falta de sensibilidad por los otros (que están estudiando, descansando o escuchando otra música,. en privado); ciudadanía es también el respeto por los demás. Fue flor de un día, un letrero de clausurado, por allí, en ese "templo", pero el quid del asunto no es la creencia religiosa como sí la imperiosa necesidad de hacerlo contra la salud de los tímpanos. De acuerdo, ya hace siglos, según rito cristiano se recurrió a los cantos gregorianos, pero ahora ya no es a puro pulmón; con o sin Luis Palau, seguimos pa'lante. Lo mismo, en ciertos buses, donde el chofer trata de convertir a incautos a puro volumen de su emisora cristiana (algo me recuerda a un padre menor.). Yo, discípulo y amigo del flamenco Erasmo, estoy de acuerdo con su "devotio moderna"; es decir, que la búsqueda y el repliegue en lo espiritual o trascendental desde dentro; pero, con esta devoción postmoderna, quién sabe si creen que tatita Dios oirá mejor las plegarias a puro parlante. Como visualizó hace poco un emotivo reportaje en La Nación, vale que, en el más absoluto silencio, un cartujo tico está redimiendo a esos bárbaros.
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