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El especialista: Si por la víspera... EricThompson Economista En una entrevista publicada el pasado 19 de marzo, el presidente electo abordó sus prioridades de cara al inicio de su administración. Consultado acerca de la seguridad ciudadana, hizo énfasis en la necesidad de mayores recursos: "Yo me propongo presentarle a los costarricenses proyectos de ley para llevarle nuevos recursos al fisco, quiero que sean impuestos muy progresivos, para que pague más el que más tiene". Acto seguido, mostró su preferencia por nuevos impuestos con destino específico: "Irían a financiar la educación, por ejemplo, y pienso que debe de haber otro impuesto para erradicación de tugurios". Sin embargo, no habló sobre la caracterización de esos nuevos impuestos muy progresivos. Para sus prioridades, está consciente de la importancia de utilizar ingresos adicionales para capitalizar el Banco Central y así reducir la inflación. Pero esta legítima meta "desviste al Santo" de la financiación de las promesas de mayor gasto público que caracterizaron la oferta programática del PLN. Pretender incrementar ciertas partidas de gasto público en las actuales condiciones hacendarias solo lleva a tres opciones o combinaciones entre ellas mismas: privatizar activos estatales, hacer reducciones cuantiosas de otros gastos, o incrementar los tributos. Todavía no existen anuncios concretos de medidas de gran calado en las primeras dos opciones. En cuanto a la tercera opción, Don Óscar conoce bien -y con mayor razón ante el naufragio del plan fiscal- que el incremento de recaudación por mayor eficiencia recaudatoria y mejor cumplimiento de los contribuyentes no asegura suficientes recursos para la magnitud de los compromisos de mayor gasto público. El dilema es entonces asumir las opciones delicadas de ampliar la base, ajustar tarifas o recortar exenciones del impuesto sobre la renta y de ventas vía un proyecto nuevo y sencillo, o caer en la tradición de crear impuestos a los lujos, a los vicios y al patrimonio, endulzados por populares destinos específicos que gozan de la simpatía de la Sala Constitucional, aunque vayan en contra de un proceso presupuestario integral y eficiente. Estos impuestos ad hoc, expuestos inclusive a la fijación subjetiva de montos en colones o dólares en cuasisubastas legislativas, es lo que muchos desean aunque lesionen la aspiración de un sistema tributario sencillo, neutral y eficiente. En todo caso, cualquier nueva figura deberá pasar el filtro constitucional. Para muestra: la anulación del impuesto al activo de las empresas en el 2001. La Sala IV lo consideró confiscatorio y desproporcionado, pero fue promovido como muy progresivo. No todo lo que brilla es oro...
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