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Periodismo. para bien Ivannia Varela Q. ivarela@nacion.com Hace un par de semanas, cuando salí en un carro rumbo a Pocosol de San Carlos, con un chofer y un fotógrafo de este diario, jamás me imaginé que iniciaba allí una conmovedora historia de solidaridad. La lucha que libra cada día la maestra María del Carmen Morales, con sus siete estudiantes, en la escuela unidocente de Conchito le tocó el corazón a muchísimos de nuestros lectores, quienes, desde el día siguiente a la publicación del reportaje en la revista Proa, mandaron infinidad de mensajes electrónicos y llamaron una y otra vez a nuestros teléfonos, deseosos de averiguar cómo podían ayudar. En la escuela San Gabriel, en Tibás, una niña motivó a sus compañeros, e incluso a estudiantes de otros grados, para que llevaran material educativo que muchas veces se desecha o se guarda durante años en las casas. Ella misma vino a dejar las donaciones al periódico, con una sonrisa de satisfacción que no le cabía en el cuerpo. Ideas similares tuvieron algunas maestras, los miembros del Movimiento Familiar Cristiano, los Guías y Scouts de Alajuela y otras agrupaciones que se sensibilizaron con la historia y buscaron cómo llenar algunas de las carencias. La respuesta fue tal que estamos a punto de enviar un camión con cuadernos, libros, lápices de color , hojas blancas, cartucheras, termos, zapatos, ropa y juguetes para los estudiantes de Conchito. También recibirán dos sobres repletos de cartas de apoyo escritas por alumnos del Valle Central. No es la primera vez que un artículo nuestro desata una reacción en cadena de este tipo, ni será el último. En abril del 2005, cuando publicamos la historia de la pequeña Daniela Solano, gran luchadora contra el cáncer linfático, decenas de personas escribieron para darle su apoyo y ayudarla de muchas maneras a sortear su dolorosa enfermedad. Así, muchos de estos "ángeles" le obsequiaron a la niña oraciones, tarjetas, cursos de pintura y materiales de dibujo. Uno de ellos, incluso, le hizo realidad su más grande sueño: conocer Disney World. Tras aquel maravilloso viaje a Orlando, en compañía de sus padres y su hermanito, Daniela es otra persona. Actualmente ya no requiere la morfina, ha ganado peso y cursa su quinto grado con una energía envidiable. El domingo pasado celebró su 11 cumpleaños. ¡No tengo la menor duda de que las plegarias de tantos fueron escuchadas en el Cielo! Cuando las circunstancias se conjugan para que el periodismo se convierta en instrumento de ayuda a otros, uno también crece como ser humano. Y es justamente en esos casos cuando más realizada me siento de ejercer esta noble profesión.
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