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En Guardia Jorge Guardia Quirós Reportó la prensa que Ottón Solís, agobiado por los sinsabores de la campaña, aprovechó la luna llena de marzo y se escapó 'montaña adentro', con su esposa, a descansar. Siendo finquero y señor de los charrales, lo imaginamos cerro arriba, a caballo en las cerrazones, entonando un son montuno: Alumbra, luna; alumbra, luna; alumbra, luna, que ya me voy pa' la montaña... Pero muy poco le duraron la luna (de miel) y la montaña. Le hicieron llegar, con un baquiano, una incisiva misiva firmada por don Óscar Arias (de seguro, concebida y redactada por sus asesores) conminándolo a abandonar el solaz de la campiña para trasladarse, de inmediato, a Washington a renegociar el TLC. ¿Fue sincera la misiva? ¿Portaba buenas intenciones? Pienso que no. Más bien, tenía sabor a engaño. Olía a zancadilla, a bajada de piso, a un 'dejémoslo quemarse solo pa' que deje de joder'. No es serio que un presidente electo le pida a un particular renegociar un tratado. Me parece una broma de mal gusto, una gracejada burlona de los que trataron de descalificar a un político sincero que merece respeto, pese a diferir de los que favorecemos el TLC. Pero, en política, todo se paga. En vez de ganar, más bien perdieron. Perdieron la ocasión de lograr un acercamiento sincero y romper el círculo de ingobernabilidad. ¡Qué lástima! Ya Ottón sabe que lo podrían sorprender en cualquier recodo del camino. Y él no cabalga en la oscuridad, sino al claro de luna. Alumbra, luna; alumbra, luna; alumbra, luna... En la entrevista del domingo, en La Nación, Óscar Arias aseveró que la Casa Presidencial sería la casa de todos los costarricense, que sabría escuchar a todo el mundo y que el diálogo era la norma, no la excepción, en un sistema democrático. Luego, agregó que esperaba invitar a don Otón Solís muchas veces a almorzar (antes, a simples cafecillos; va progresando). Pero ¿podrán ser creídas sus palabras, en apariencia sabias y prudentes, después de tratar de hacerlo quedar en ridículo? Para recobrar su credibilidad, Óscar Arias tendría que retirar su misiva y disculparse públicamente con Ottón Solís, como sugirió don Alberto Cañas. Sabemos que no lo hará. Pero habrá consecuencias. El PAC cerrará posiciones contra el TLC, lo votará negativamente y peleará a muerte cada artículo, cada inciso, por el ICE e INS en el trámite de la agenda paralela. Y seguiremos divididos y estancados. ¿Querrá don Óscar deponer su arrogancia habitual en aras de todos nosotros? Para avanzar, tendría que invitarlo a algo más que un café o un almuercillo: a negociar al claro de luna, como verdaderos ticos, y entonar, juntos, un sincero son montuno.
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