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Que cumplan y no protesten El protagonismo rebelde de algunas personas conduce a una peligrosa tensión socialPiero Protti Meléndez Lawrence, Kansas En La Nación del 25 de febrero se publicó un reportaje sobre la carencia de servicios básicos, como electricidad y agua, en escuelas de zonas rurales. Es impresionante ver a los niños preocupados por transportar el agua desde quebradas hasta su escuelita y, aún así, de acuerdo al reportaje, muchos de ellos han recibido reconocimientos de parte del Ministerio de Educación por su excelente rendimiento académico. Indigna ver, entonces, cómo los señores que "lideran" los sindicatos desperdician su tiempo en estar en contra del Gobierno de turno, cuando podrían estar velando porque estos servicios básicos se cumplan. Esta crítica no se basa en percepciones propias. Sé que somos muchos lo que opinamos de igual manera. Y nos basamos en tres motivos fundamentales. Primero, estos empleados públicos no están cumpliendo a cabalidad con las labores para las cuales fueron contratados, pues se dedican a protestar. Segundo, esas protestas van siempre dirigidas hacia el gobierno que irónicamente, es su patrono. Es el Gobierno el que les está pagando, con fondos públicos provenientes de todos nosotros, para que hagan huelgas y bloqueos y protestas, e interrumpan el acontecer cotidiano de la mayoría de los ciudadanos. Y tercero, porque por el mismo hecho de recibir salarios de dineros públicos, y no cumplir con lo que deberían, están siendo parte de la famosa corrupción que tanto dicen criticar. Caldo de cultivo. Y hay un cuarto aspecto: lo más grave de esta actitud de "protesta contra todo" es que incitan a la desobediencia civil y, ¿por qué no?, a la violencia, que es absolutamente inadmisible en un país tranquilo, donde nos jactamos de la paz. Está bien querer opinar, pero en su respectivo lugar, no en las calles, entorpeciendo el tránsito e incitando a la rebelión. Espero que estos señores recapaciten y dejen de pretender gobernar sin haber sido electos. Y, si quieren gobernar, que se postulen y permitan a todos los ciudadanos decidir si apoyan su causa o no. Que, en lugar de entorpecer el funcionamiento normal de nuestra sociedad, se dediquen a lo que les corresponde, que es enseñar, abastecer de agua y luz a esos niños de zonas rurales, a mejorar los servicios públicos y tantas otras labores e instituciones que son del orgullo de todos los costarricenses. Pero, sobre todo, que piensen que lo único que ganamos con esa actitud de protagonismo rebelde es un estancamiento al no poder avanzar como nación, y una tensión social que no sabemos cuánto podremos soportar.
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