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Carrera contra el tiempo Las ambiciones nucleares de Irán podrían dar origen a una nueva conflagración globalJaime Daremblum Irán ha avanzado peligrosamente en el umbral del poderío nuclear. Sin embargo, hasta la fecha, no se vislumbran fórmulas diplo- máticas que pongan término a esa amenaza. Conforme las discusiones en los foros internacionales se prolongan, y la escalada armamentista iraní se agudiza, la opción militar tiende realmente a perfilarse como una respuesta al tremendo desafío que implicaría el régimen de Irán si consigue dotar sus cohetes de explosivos nucleares.
Sin retorno. Desde luego, las vías militares son concebidas como la última instancia después de agotar los remedios pacíficos. Lamentablemente, Irán se ha encargado, con sus actitudes y acciones, de disipar las esperanzas de un eventual acuerdo internacional que ponga fin al riesgo inminente del jomeinismo atómico. Como bien ha dicho el senador John McCain, "lo único peor que una opción militar sería un Irán con armas nucleares." El problema se complica por la convicción de Irán de que podrá salirse con la suya en tanto los procedimientos diplomáticos prosigan. Escudado en el trajín de los foros internacionales, el régimen iraní busca completar las investigaciones científicas que le aseguren el conocimiento requerido para construir armas nucleares. Este desenlace es el que los servicios de inteligencia occidentales denominan "el punto de no retorno". Israel estima que Teherán está muy cerca de esa meta y que podría alcanzarla en pocos meses. A partir de ahí, plasmar dicho conocimiento en artefactos utilizables tomaría a lo sumo un par de años. Parecida fue la ruta seguida por Irán para producir sus modernos cohetes. Mediante tecnología de Norcorea y la red clandestina del científico paquistaní Khan, la República Islámica consolidó un equipo técnico propio, capaz de fabricar novedosos misiles cuyo alcance permitiría atacar a Israel y puntos estratégicos más allá del Cercano Oriente. Ahora, Irán se apresta a combinar dicho éxito con un programa nuclear. Terror y petróleo. La agresividad de Irán ha sido alentada por la falta de consenso en la comunidad internacional que, hasta la fecha, no ha podido ponerse de acuerdo en medidas para sancionar los incumplimientos de prohibiciones sobre no proliferación en que ha incurrido el régimen jomeinista. Recordemos que hace tres años surgió a la luz el programa secreto de Irán para desarrollar armas nucleares, descubrimiento que motivó una ronda de negociaciones con potencias europeas. Tales discusiones, según confesó un negociador iraní ante la Organización Internacional de Energía Atómica, le brindaron a Teherán un tiempo valioso durante el que ha podido completar experimentos cruciales para enriquecer uranio. Sin embargo, aunque lentamente han surgido muestras de voluntad internacional orientadas a detener un desenlace apocalíptico, Irán se muestra confiado de que Rusia y China, proveedores y también clientes privilegiados, frustrarán cualquier decisión punitiva de la ONU en su contra. Esto ha funcionado hasta ahora. De igual manera, esperan que las amenazas del terror islámico y el castigo petrolero intimiden y frenen al Consejo de Seguridad. De ahí que las bravuconadas del presidente Mahmud Ahmadinejad y sus subordinados de incendiar la región y también el planeta, aumenten el temor de que la lentitud e indefinición del Consejo de Seguridad permitirán a Irán concretar su ambición nuclear. Perspectiva israelí. Hace pocos días, el general israelí Moshé Yaalón, quien hasta el año pasado fue el jefe las Fuerzas de Defensa de su país, hizo una detallada exposición sobre la actual coyuntura en el Hudson Institute, en Washington. Yaalón resumió la preocupación de Israel al afirmar que para el Estado hebreo lo que está en juego es nada menos que su supervivencia. Cuando los voceros iraníes declaran que su objetivo es borrar del mapa a Israel, están notificando al mundo el destino y propósito de sus nuevos armamentos. En tales circunstancias, la opción militar no puede desecharse. En el fondo, existe una carrera contra el tiempo: la necesidad de interrumpir la marcha frenética de Irán hacia el punto de no retorno, enfatizó Yaalón. Cuando se habla de operaciones militares para detener los designios nucleares de Irán, viene a la mente la acción fulminante de Israel contra el reactor iraquí de Osirak, en 1981. ¿Cabría una opción similar ahora, tomando en cuenta que las instalaciones nucleares de Irán se encuentran dispersas en puntos distantes de su territorio? La respuesta del general fue que los mismos resultados podrían obtenerse hoy y enfatizó que la fuerza aérea de cualquiera de las principales potencias occidentales está en capacidad de llevar a cabo con éxito una tarea de esa naturaleza. Caso de una represalia iraní, Yaalón se mostró confiado en que los sistemas antimisiles que protegen el espacio israelí cumplirían sobradamente su función. Visión clara. Lamentablemente, la verbosidad y la conducta internacional del régimen iraní reducen cada día el espacio de la diplomacia en torno a la gestación de la bomba islámica. La experiencia con los tiranos genocidas de décadas recientes, quienes abierta y sonoramente describieron de antemano sus crímenes contra la humanidad, exige hoy de la comunidad internacional visión y voluntad sin precedentes. Porque, en el mundo actual, ninguna nación sería inmune a la violencia que de manera tan explícita promete Irán.
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