Búsqueda
Avanzada
Domingo 19 de marzo, 2006
San José, Costa Rica.

  Servicios | Archivo | Escríbanos | Fax gratis | Nacion.com en PDA, celular, e-mail,  

Noticias
Nacionales
Sucesos
Deportes
Internacionales
Economía
Aldea Global
Week in Review
Especial: Oscar Arias presidente 2006-10
Elecciones 2006
Campeonato futbol 2005-06

Editoriales y Opinión
Opinión
Cartas
Chats
Foros

Especiales Noticiosos
Mundial 2006: Equipos, grupos, figuras y calendario
Texto preliminar de reforma fiscal y noticias publicadas
Texto preliminar del TLC Costa Rica-EE.UU. y noticias publicadas
Listado Completo

Ocio y Cultura
Calendario 2006
Su | Do | Ku
Viva (Entretenimiento)
Áncora (Cultura)
Tiempo Libre
Teleguía
Proa (revista dominical)
La Nación en Imágenes
Cinemanía
Tarjeticas
Horóscopo
Crucigrama
Sitios Costa Rica

Educación y Ciencia
Zurquí (Niños)
Raíces (Geneología)
Tribuna del Idioma

  Documentos
Leyes
Informes

Especiales
Escogiendo carrera
Concurso Digigol
Inventario completo

Quiénes somos
Preguntas frecuentes nacion.com
Ver edición más actual de nacion.com
Equipo de nacion.com
Emails de Redacción
Trabaje en Grupo Nación

Noticias Opinión:


Antes de la Campaña Nacional

Costa Rica era el país económicamente más dinámico de Centroamérica

Iván Molina Jiménez
Catedrático, UCR

A inicios de la década de 1850, Costa Rica había superado con éxito los desafíos de la transición del período colonial al republicano. Por esa época, la mayoría de la población (unos 100.000 habitantes) se concentraba en el espacio que media entre los contornos de Cartago y Alajuela, pero existía ya un fuerte proceso de colonización agrícola campesina que tenía por escenario el noroeste del Valle Central. La parroquia de Atenas acababa de ser fundada en 1836, y pronto lo serían también las de San Ramón (1854) y Grecia (1856).

La ocupación campesina del oeste del Valle Central, un proceso iniciado en el siglo XVII, se intensificó después de 1830, a medida que la expansión del café, en las áreas de asentamiento más antiguo, elevaba el precio de la tierra, desplazaba pastos y cultivos básicos y profundizaba la diferenciación social. Una de las mayores transformaciones experimentadas por la sociedad costarricense de esa época fue pasar de un sistema agrario en el que la propiedad comunal del suelo era fundamental, a otro basado en la propiedad privada de la tierra. Tal cambio, que ocurrió de manera gradual y bajo una decidida presión campesina, fue propiciado por la abundancia de suelos vírgenes.

La colonización agrícola facilitó que el temprano capitalismo agrario costarricense se caracterizara por un fuerte componente de pequeños y medianos productores, y que el sector de jornaleros, favorecido por la escasa población, tomara ventaja de la tendencia al aumento de los salarios nominales. De esta forma, aunque los principales ganadores con el auge cafetalero fueron los beneficiadores y exportadores de café, el crecimiento económico fue -desigualmente- compartido por los distintos grupos sociales.

En cuanto a política interna, Costa Rica fue uno de los pocos países de América Latina que evitó verse consumido por las guerras postindependentistas y logró escapar a los conflictos que desgarraron a la Federación Centroamericana. Entre la independencia (1821) y la fundación de la república (1848), el localismo fue neutralizado, San José -eje del cultivo del café- consolidó su condición de capital y el incipiente Estado costarricense se expandió lo suficiente para ampliar su control sobre todo el territorio nacional. En el curso de este proceso, una red de tribunales civiles permitió que la conflictividad de diversa índole fuese canalizada por vías legales e institucionales, recurso que fue particular- mente aprovechado por las mujeres en su lucha contra la violencia doméstica.

Resultados externos. Externamente, los resultados logrados por el Estado costarricense fueron parcialmente exitosos. Consolidó su dominio sobre el noroeste del país con la anexión del Partido de Nicoya (1824) y refirmó su soberanía sobre el Caribe (1841), al eliminar el tributo que desde la colonia se les pagaba a los llamados "zambos-mosquitos" para que no atacaran Matina. En contraste, perdió Bocas del Toro y sus islas (1836), territorios de los que se apropió Colombia.

La separación política del resto de Centroamérica culminó en agosto de 1848, cuando el Congreso declaró a Costa Rica república soberana. Tal decisión fue acompañada por una nueva constitución, la cual, paradójicamente, excluyó a miles de varones costarricenses adultos de la condición de ciudadano, y a otros tantos les impidió alcanzar la condición de elector de segundo grado (en esa época, el sistema electoral era de dos vueltas, en la primera, los ciudadanos sufragaban por electores, y en la segunda, estos últimos escogían a las principales autoridades del país).

Después de 1821, la legislación electoral costarricense, heredera de la Constitución de Cádiz (1812), mantuvo el sufragio universal masculino (el femenino solo fue aprobado en 1949). Aunque la tendencia a la inclusión electoral experimentó algunos retrocesos antes de 1848, fue en este último año que el Congreso estableció que para ser ciudadano era preciso poseer bienes raíces por un valor de 300 pesos o tener una renta anual de 150 pesos. A su vez, los electores debían tener una propiedad valorada en 1.000 pesos. Puesto que entre 1884 y 1853 el salario mensual de un jornalero oscilaba entre 7 y 9 pesos al mes, muchos costarricenses adultos fueron desposeídos de su ciudadanía, entre ellos un joven trabajador alajuelense llamado Juan Santamaría.

A diferencia de la Costa Rica actual, en la que a cientos de miles de costarricenses parece no importarles el derecho al voto, la restricción de la ciudadanía establecida en 1848 se convirtió en una fuente de descontento, que se acrecentó durante el período en que Juan Rafael Mora ocupó la presidencia de la república (1849-1859). El malestar por la exclusión política se combinó con una creciente brecha cultural.

Pese a las diferencias económicas y sociales, la sociedad asentada en el Valle Central compartía, por la época de la independencia, una cultura común, de honda raíz española y católica. En las viviendas de los prósperos comerciantes, la santidad se materializaba en valiosas imágenes de oro y plata, a menudo con incrustaciones de piedras preciosas; en las de los campesinos, se refugiaba en humildes estampas de papel. Pero los santos venerados eran los mismos. La existencia de un espectro de valores compartidos también es evidenciada por la difusión del matrimonio y el descenso de la ilegitimidad, dos tendencias presentes desde finales del siglo XVIII.

Cambio cultural. Con la expansión del café, sin embargo, la cultura costarricense empezó a cambiar rápidamente. La introducción de la imprenta, en 1830, la creciente importación de libros y la conversión de la Casa de Estudios de Santo Tomás en universidad (1843) condujeron a que una cultura impresa, que había estado dominada por los textos religiosos, comenzara a secularizarse. Cuando el importante cafetalero josefino Manuel Esquivel falleció en mayo de 1847, fueron inventariadas, entre otras obras, El judío errante y Los misterios de París, de Sue, el Don Juan, de Byron y El vampiro, de Polidori.

El proceso precedente fue reforzado por un cambio en los patrones de consumo, que condujo a los sectores acomodados de las pequeñas ciudades de la época a convertirse en devotos consumidores de los bienes materiales y culturales de una Europa en vías de industrialización. Alimentos, bebidas, telas, ropas, calzado, adornos, muebles, pianos y otros productos, de distintos países, pronto se abrieron paso en las casas de las acaudaladas familias cafetaleras.

El avance experimentado por la secularización de las visiones de mundo y por la europeización del consumo empezó a abrir una brecha cultural que distanció, cada vez más, a los sectores acomodados de las ciudades de la mayoría de la población, predominantemente campesina, rural y católica.

En vísperas de la Campaña Nacional, Costa Rica era el país económicamente más dinámico de Centroamérica, con una floreciente exportación de café y profundos procesos de cambio social y cultural. Tal transformación no estuvo, sin embargo, exenta de profundas tensiones, provocadas por la exclusión política establecida en 1848 y por la diferenciación que separaba, culturalmente, a los más acaudalados del resto de la población, y a las familias urbanas de las rurales.

La guerra de 1856-1857, al unir a la sociedad para enfrentar el peligro representado por Walker y sus filibusteros, provocó que esas tensiones pasaran a un segundo plano; sin embargo, terminado el conflicto bélico, resurgieron con más fuerza. Alimentado por la crisis económica que afectó al país entre 1856 y 1858 y por una peste de cólera que acabó con alrededor del 10 por ciento de la población, el descontento se agudizó. El malestar fue incrementado porque el gobierno de Mora intensificó la privatización de la tierra y por los polémicos negocios en que el propio Presidente se involucró. La caída de Mora y su fusilamiento posterior corresponden, sin embargo, a otra historia: la del epílogo de la Campaña Nacional.

Sala de Redacción
Costa Rica Hoy
Centroamérica Hoy
Latinoamérica Hoy
Mundo Hoy
Futbol en Costa Rica
Futbol en América
Futbol en el Mundo
Otros Deportes
Economía en América
Economía en el Mundo


Especiales
Escogiendo carrera
Concurso Digigol
Inventario completo


Suplemento Metro
Tarifario Grupo Nación
Suplemento comercial Mano a mano
Anúnciese en nacion.com
Suscríbase a La Nación
El Empleo.com
Economicos.com


Enlaces comerciales:
  • Reglamento promoción "Hinchagonal", de La Nación

  • Visite Montezuma Costa Rica

  • Brokers Bienes Raíces

  • TicosLand.com




  • Obituario
    Diario Oficial La Gaceta