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Ojo crítico Rodolfo Cerdas La ventaja política comparativa de don Óscar Arias radica en su dimensión internacional. Por ello es fácil suponer que, detrás de la posible designación de don Bruno Stagno como canciller, el propósito sea asumir el manejo directo de la política exterior. Esto, que puede ser una ventaja, resulta también un gran peligro si no se toman en cuenta las diferencias que hay con su primera gestión. Hoy, por ejemplo, el gran tema no son las relaciones potencialmente conflictivas entre el Gobierno norteamericano y los gobiernos de izquierda, que son mayoría en la región; ni menos asignarnos algún papel de mediador. Ni nos están llamando, ni nos necesitan, ni tenemos allí nada que ganar y sí mucho que perder: Venezuela y EUA, por ejemplo. Donde el aporte puede ser muy importante es en la ampliación de los mercados externos, en la atracción de importantes inversiones foráneas y en alcanzar una posición de privilegio que fortalezca nuestra seguridad y autonomía. Este aspecto, sin embargo, es solo una parte de la ecuación. La otra, y quizá la principal, es interna. Se trata de afrontar y resolver los agudos problemas nacionales y disminuir los efectos nocivos del roce inevitable entre los intereses sociales que hoy están enfrentados. Esto exige, de un modo intransferible, la presencia y gestión personal directa del Presidente Electo. Don Óscar deberá, pues, encontrar el punto de equilibrio entre lo internacional y lo local. Si en su primer gobierno privilegió lo regional sobre lo nacional, en la actualidad el énfasis deberá ser al revés. El país resiente los efectos agudos de una irresuelta y grave crisis social que tiene que ver con la pobreza, la falta de rumbo, la incapacidad para tomar decisiones y una notoria disfuncionalidad del Estado. Además, está la cuestión del CAFTA, en la que las tendencias son hacia una confrontación sin salida, que podría resultar altamente negativa para todos. Enfrentar y resolver estos problemas y evitar o aminorar los peores efectos de la confrontación sobre el CAFTA, son solo algunas de las más delicadas tareas del nuevo presidente. Aunque don Rodrigo Arias haya mostrado gran habilidad política, sería erróneo delegar en él el manejo de estas cuestiones claves si de verdad se quiere cumplir con una agenda de cambio. Porque, para lograrlo, don Óscar deberá usar todo el peso que, personalmente, le confiere la autoridad presidencial. De lo contrario, difícilmente alcanzará verdaderas soluciones. Y en tal caso, su gobierno pasaría a ser uno más de los que se limitaron a gerenciar la crisis.
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