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Comentario del Evangelio: ¡Podemos! El relato de la purificación del Templo nos lo plantean los evangelios sinópticos al final del ministerio de Jesús. Juan, en cambio, pone los hechos que hoy comentamos al inicio de su texto. ¿Es esto algo decisivo? En realidad no. Lo que importa es el significado del acontecimiento, no tanto el momento en que ocurrió. Con motivo de la Pascua judía está Jesús en Jerusalén. ¿Qué es lo que mira? Primero a los vendedores de animales que simplificaban a los peregrinos la complicación de tener que traer de lejos los animales para las ofrendas. Además, observa a los cambistas negociando, individuos que hacían posible el cambio de moneda romana al medio siclo tirio que era la única denominación monetaria aceptable en el templo. Allí mismo se desata el enojo de Jesús. El evangelista dirige la fuerza de la ira de Jesús contra el sistema sacrificial judío que había hecho del templo un verdadero mercado. El relato sinóptico tiene otro interés: destacar cómo Jesús reacciona contra los abusos de los comerciantes presentes en la explanada del templo. Más tarde vendrá el reclamo de los judíos y el anuncio de la destrucción del templo que, aunque se producirá más adelante, aquí es secundaria. En realidad Jesús va más allá de lo que habrá de pasar con el templo que Herodes empezó entre los años 20/19 a. C. y que Jesús mismo nunca miró acabado. El Señor se refería en realidad a su muerte y resurrección. Al final, y seguramente porque Jesús realizó algunos signos en torno a los hechos centrales presentados en la perícopa de hoy, algunos acabaron creyendo. Pero Jesús no se fía mucho de aquellas conversiones solo motivadas por milagros. "Los conocía a todos -escribe Juan- y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre" (v.24s). No hay duda: la fe tiene grados de intensidad y de estabilidad. Hombres y mujeres que decían creer por los prodigios que presenciaban parecían movidos por una fe verdadera. Más, sin embargo, deficiente e insegura. Hace muchos y muchos años San Juan Crisóstomo comentando este texto escribía: "Muchos ahora son iguales. Tienen el nombre de fieles, pero son volubles e inconstantes" (Hom. 23,1). Es como si escribiera para hoy. ¡Qué volubles hemos llegado a ser! ¡Cuánta inconstancia nos marca y arrastra hacia la mediocridad en la vivencia del evangelio, en el testimonio y en nuestro apostolado! Pero estamos en cuaresma. Un buen tiempo para reaccionar. Es la gran oportunidad para purificar el corazón, expulsar de él cuanto nos lo ensucia y potenciar nuestro camino hacia una fe que no pacte con mediocridad alguna... un reto fuerte y oportuno para estos días, y es claro que ¡podemos! P. Mauricio Víquez Lizano.
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