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Indígena acerca la Medicina académica a su comunidad Gonzalo Mena asegura ser el primer médico indígena de TalamancaConocimiento de la lengua y la cultura favorecen su relación con los pacientes Cristina Ventaja cventaja@nacion.com Talamanca. Shiroles recibe nuevamente un fruto de su tierra: Gonzalo Mena Selles. Él es un joven indígena que propicia el acercamiento entre la Medicina académica y las prácticas curativas tradicionales de su pueblo. Mena, de 26 años, es miembro del clan Ulukchawac y recientemente consiguió la licenciatura en Medicina de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas de Cuba.
Así se convirtió en el primer médico indígena de Talamanca. Con la idea de colaborar con los suyos, él regresó a su tierra natal, Shiroles, en Talamanca, hace siete meses; es decir, apenas se graduó. De momento, Gonzalo Mena colabora como voluntario en el EBAIS de Suretka, a la espera de la homologación en Costa Rica de su título universitario. Debido a su origen bribri, él es un conocedor de la cultura, la lengua y los problemas de su pueblo. Todos esos atributos le permiten ofrecer una atención médica acorde con la idiosincrasia de sus pacientes. De este modo, consigue atraer a los indígenas hacia una Medicina que para ellos era extraña y que, por tanto, rechazaban. El idioma y la creencia en prácticas curativas tradicionales separan a los indígenas de la Medicina universitaria. Mena explicó que muchos habitantes de esta región hablan en su propio idioma, el bribri. A pesar de que conocen el español, en ocasiones les resulta difícil hacerse entender en esta lengua; por ello, Mena se dirige a los pacientes en bribri.
En las zonas más altas de Talamanca, donde el terreno hace particularmente ardua la creación de accesos, la población es desconfiada con los foráneos debido a la falta de relación con ellos. En esos núcleos, los "awapas" (curanderos indígenas) son buscados con mayor frecuencia.
Esa dependencia llega a tal punto, comentó Gonzalo Mena, que, en algunas ocasiones, los indígenas llevan al awapa los medicamentos recetados en el EBAIS local, con el fin de que los apruebe. Llegar a los awapas no es fácil. Los indígenas pueden caminar hasta tres días para encontrarlos. En ese tiempo, afirma Mena, sus enfermedades tienden a agravarse; por ello, este joven profesional anhela que la Medicina llegue hasta las zonas más alejadas. Unión con su pueblo. Mena reconoce que los habitantes de Talamanca confían en él porque respetan sus consejos y diagnósticos, dichos en bribri. Para él, llegar a ejercer su profesión en su tierra natal supone lograr un sueño. "Mi idea fue siempre prepararme para realizar una actividad laboral que me permitiese regresar a mi pueblo y atender sus necesidades", explicó Mena. Aunque la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas de Cuba le ofreció la oportunidad de especializarse como cardiólogo, a Mena lo ganó el deseo de dedicarse a la atención primaria en Talamanca. "Ejercer como especialista supone trabajar en un hospital, lejos de mis hermanos indígenas, y traicionar hasta cierto punto mis raíces; en cambio, la Medicina general me permite estar en contacto directo con mi pueblo", concluyó.
Indígenas requieren más atención médica Los 11.000 indígenas que habitan en la reserva de Talamanca reciben un tratamiento médico desigual y deficiente. Esa afirmación surge con solo observar las cifras. Para el grueso de esta población, únicamente se destinan dos EBAIS con equipo médico completo, mientras que los restantes 23.000 costarricenses que ocupan Talamanca disponen de más del doble de centros, según detalló el médico Mauricio Ureña, del EBAIS de Suretka. En ese mismo lugar es donde Gonzalo Mena realiza sus actividades de voluntario. Con solo ocupar uno de los pequeños asientos de la sala de espera del EBAIS de Suretka, se comprende la importancia y la necesidad de aportes como los que realiza este joven médico. Allí, los médicos recorren los pasillos de un lado a otro alternando su actividad en la consulta de atención primaria con las intervenciones de urgencia. Ureña opina, además, que en Suretka se requiere un mayor centro médico, que permita atender a los enfermos con dolencias graves y evitar el largo traslado al centro de Limón. Aún así, los pacientes recorren más de cuatro horas a pie y en barca para obtener una atención médica que, más allá de la buena voluntad de los profesionales, es deficiente.
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