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Carga tributaria ad náuseam Para plantear ciertas tonteras no se requiere ni siquiera haber cursado la primariaRigoberto Stewart La lectura de la columna intitulada "Carga tributaria" (Página Quince, 24/2/06) trajo a memoria mi regreso al país, en 1990, después de concluir el doctorado en Economía. Parte de nuestra preparación consistía en diseñar modelos econométricos, basados en sofisticadas matemáticas, para estimar la demanda monetaria. Armado con esos instrumentos, regresé al país para aportar lo mío, pero me encontré con que la gran discusión en torno a la política monetaria, el desvelo de nuestros más preclaros pensadores, era si se debía permitir a los bancos privados captar depósitos a la vista (manejar cuentas corrientes). ¡Qué decepción! En una escala creciente del 1 al 10, el grado de profundidad intelectual (GPI) de esa discusión era de un 2. Para plantear esa tontera no se requería ni siquiera la primaria. Pues bien, el GPI de la discusión referente a la carga tributaria (CT) es parecido: 2,25 (el del proteccionismo agrícola es de 1,75). En lugar de repetir lo que he escrito en varias ocasiones, en esta misma página (el 9/6/04 y el 28/8/04), me permito repasar solo tres aspectos. Libertad económica. Desde el primer informe sobre la libertad económica en el mundo (1995), basado en el trabajo intelectual de un grupo de científicos de primer nivel (varios con premio Nobel), y llevado a la práctica por los investigadores Gwartney y Lawson, con el apoyo de varias decenas de institutos alrededor del mundo, entre ellos el Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas (INLAP) -el cual dirijo junto con estimables colegas-, ha quedado suficientemente claro que existe una correlación positiva (y una relación de causalidad) entre libertad económica y crecimiento económico. Actualmente, nuestro índice de libertad económica para cada país consta de 38 variables; la carga tributaria es solamente una de ellas. Por eso, el resultado de comparar la CT de varios países con su crecimiento económico no tiene significado. Es intelectualmente ofensivo. Para que tenga algo de validez, habría que dar cuenta de las otras 37 variables, mantenerlas constantes -el famoso ceteris paribus de Economía 101-. Calidad de la carga. El recaudar dinero mediante impuestos resulta muy costoso para la sociedad. Algunos impuestos tienen mayores costos de cumplimiento y mayores efectos negativos que otros. Caso 1. Tomemos dos países iguales en todo, excepto que la CT del primero (25% del PIB) se obtiene solo mediante impuestos sobre la renta de empresas, mientras que la CT del segundo (25% del PIB) se obtiene solo mediante impuestos aduanales. Este último crecerá mucho menos que el primero, puesto que los impuestos aduanales constituyen un mayor impedimento para la creación de riqueza que los impuestos sobre la renta. Caso 2. Tomemos dos países iguales en todo, excepto lo siguiente. Los dos invierten el 10% del PIB anual en infraestructura. El primero lo hace a través de impuestos; el segundo permite que sea el sector privado el que haga la inversión directamente, de tal suerte que la CT del primero es del 35%; la del segundo, del 25%. ¿Cuál crecerá más? Obviamente el segundo, puesto que recaudar el 10% del PIB mediante impuestos puede costarle a la sociedad un 60% del PIB generado. Corolario: se puede tener buena infraestructura (y otros servicios) con una baja CT. Calidad del gasto. Para que la correlación de la CT con el crecimiento económico tenga algo de sentido (al margen de lo ya expuesto), no se debe desligar el ingreso del gasto. Caso 3. Tomemos dos países iguales en todo, hasta en la CT, excepto que el primero gasta el 50% de la CT en regímenes de pensiones millonarias, inventados para políticos y amigos, y con cargo al erario público; mientras que el segundo gasta ese mismo monto en infraestructura. ¿Cuál de los dos crecerá más y tendrá menos pobreza? Corolario: la calidad del gasto es crucial para el crecimiento. Mientras el grado de profundidad intelectual de la discusión de estos temas no llegue por lo menos a 7, aquí no hay absolutamente nada que hacer.
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