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Foto Principal: 990017

Un novio romántico

Ser romántico es ser alguien sentimental, generoso y soñador, profundamente humano

Guillermo Malavassi V.


¿Volverá el espíritu romántico a revivir?, se preguntaba D. Gregorio Marañón. Y él contestaba con larga respuesta positiva. El espíritu romántico, la razón de la sinrazón, el sentido de la individualidad, es un sentimiento tan profundamente humano, que lo probable es que perdure tanto como la vida misma de la especie.

Decía D. Gregorio que estuvo a punto de llorar de alegría oyendo decir, nada menos que a al rector de una universidad extranjera, que los hombres empezamos a estar cansados de tener razón. Aludía a los excesos del racionalismo.

Cansarse de esa razón es sentir la nostalgia de la sinrazón, del ensueño, de la personalidad, del romanticismo. El afán y la técnica son enemigos mortales de la individualidad del romanticismo. Para soñar se necesita tiempo y soledad, y el hombre de hoy ha perdido estos dos tesoros. Pero los recuperará y volverá a soñar.

La boda de Don y Carolina fue una explosión de espíritu romántico. Un avión llevaba por todo lo alto de las nubes el aviso a todos: "Don ama a Carolina". ¡Qué maravilla, poder expresar así tan hondo sentimiento! ¡Cuál verdadero enamorado no quiere gritar su amor para que el mundo entero se entere! Y, después de la boda, los estallidos y luces de los petardos fueron continuación de la dilatación del alma de los recién casados que anunciaban a todos la alegría incontenible de su corazón. Sin ser invitados, los vecinos llenaron las bancas de la iglesia y no querían salir: estaban contagiados del ansia de ver a los novios y a quienes cercanamente los acompañaban; y sus ojos brillaban y sus bocas sonreían.

El aplauso de todos. Muchos vehículos traían a los invitados especiales. Las flores y la música, y los cantos y los elegantes vestidos, todo lo embellecían; nadie quería perderse el desfile de las bellas damas y los elegantes caballeros. La gente humilde bendecía a los novios, y todos aplaudían, el sacerdote solemnemente seguía el ritual del matrimonio, y los novios intercambiaban, felices, sus palabras de compromiso, se ponían los anillos y se besaban enamoradamente. Y Angelus cantaba.

Todo ello costó: es que el romántico es generoso porque es importante para él lo que hace, porque realiza su sueño y vive intensamente en conformidad con sus más caros sentimientos.

Enseña la Doctrina Social de la Iglesia que las rentas del patrimonio, además de pagar los impuestos que sean justos, moralmente están gravadas por el precepto de ejercer la limosna, la beneficencia y la magnificencia.

Esa última consiste, en el caso de esta boda, en la liberalidad para grandes gastos, de lo cual muchos disfrutaron. La liberalidad es la virtud moral consistente en distribuir generosamente los bienes sin esperar recompensa.

De manera que se ha dado la boda más romántica, la que ha alegrado a las gentes, ha permitido a una pareja manifestar sus sentimientos amorosos y nos ha recordado a todos que lo mejor es la realización personal, más allá de administración, estadísticas, bolsa, trabajo, técnica y rutinas.

Sin ser invitado, la disfruté a plenitud. Que sean muy felices Don y Carolina. Hasta que se les acabe esta vida mortal.

Tengamos presente a R. Darío cuando dijo: Románticos somos. ¿Quién que Es, no es romántico? / Aquel que no sienta ni amor ni dolor, / Aquel que no sepa de beso y de cántico, / Que se ahorque de un pino: será lo mejor.

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