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Pacíficos, pero pobres El atraso de la Red de Internet Avanzada ejemplifica el caso de un país que, pudiendo, no quiereEl rezago de importantes reformas y la tortura de la "tramitología" conspiran seriamente contra el desarrollo del país Increíble, pero cierto: "Hace seis años, se diseñó en Costa Rica la Red de Internet Avanzada (RIA). Si la RIA se hubiese implementado en un tiempo razonable (12 meses), Costa Rica hubiera estado entre los cinco países mejor conectados del mundo". Esta afirmación no proviene de un novicio en la materia o de un político interesado en denunciar la miopía de dos gobiernos o de una institu-ción pública, sino de un experto, Roberto Sasso, en la columna El especialista de la sección de economía de este periódico, al formular algunas reflexiones sobre el atraso en la puesta en marcha de la Red de Internet Avanzada. Estos hechos causan honda pena, pero así son y, como son reales, producen efectos perniciosos en el desarrollo tecnológico del país y en la economía nacional. Desventuradamente, estos atrasos no se ciñen al campo tecnológico. El sector público y la realidad política abundan en casos parecidos que, además, quedan sin respuesta. La burocracia sigue su marcha -o su desmarcha-, y nada pasa. De aquí, la justeza de las observaciones expuestas en dicho comentario sobre el atraso de la RIA, que podrían resumirse en la siguiente manifestación de una escritora extranjera que el autor citado trae a cuento: "Somos un país pacífico, pero pobre y atrasado". En cuanto a nuestro país, este juicio, revelador de un fenómeno mundial -en efecto, hay países pacíficos, pero pobres y atrasados-, no termina aquí. Lo grave es que, como se expresa en dicho artículo, "somos pobres porque dejamos pasar las oportunidades". En cuanto a la RIA, que ha pasado por "un calvario de atrasos", estos perjudican al país, aunque benefician a los proveedores de las tecnologías de antaño", lo que, por cierto, desentona con las proclamas patrióticas emanadas precisamente de los opositores a los procesos de reforma. Coinciden estas denuncias con la renovación de un esfuerzo, de parte del presidente electo, Óscar Arias, para concertar soluciones y propósitos comunes con líderes políticos, futuros dipu-tados y dirigentes de las diversas organizaciones sociales. En este intento, todo lo concerniente a la tecnología de las telecomunicaciones es parte prioritaria de una agenda nacional. Es preciso recuperar el valioso tiempo perdido ante el avance incontenible de la tecnología que - como se escribió en la sección de opinión hace dos años- está reduciendo a nostalgia el monopolio del ICE en esta materia. Es insensato responder con ira a estas opiniones. Son numerosos los campos en los que la desidia, los prejuicios, las simplificaciones, la ideología y, en general, el temor al cambio están retrasando el desarrollo económico y social del país. La agenda del subdesarrollo -mental, político, de gestión- se columpia entre lo macro y el detalle, entre los grandes proyectos y la tortura de la llamada tramitología, capaz de cansar y doblegar, con arte liliputiense, a cualquier gigante. Si se hiciera una lista de los talones de Aquiles del Estado, de la política y del desarrollo del país, tanto en el ámbito del Estado como de las comunidades, sorprendería el número de causas, grandes y pequeñas, que nos atan y que, con un poco de empeño y sentido de lo esencial y del bien común, podrían eliminarse. Este conjunto de problemas, cuyas causas y soluciones no nos son ajenas, conforman -como expresó la escritora extranjera citada- un país pacífico, pero pobre y atrasado, con los más variados recursos a su alcance para formar parte, si quisiera, del grupo de vanguardia entre los países democráticos del mundo.
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