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Ecuación perversa: drogas y deporte No deberíamos seguir indiferentes ante el futuro deseado para niños(as) y adolescentes adolescentesAlberto Morales Bejarano Pediatra La relación entre publicidad y consumo es algo que no se discute; sin embargo, cuando se trata de drogas lícitas, como el alcohol y los cigarrillos, esta relación se minimiza. En el país, en términos generales, solo los bebedores excesivos; sin contar los bebedores moderados o sociales, gastan ¢55.424 millones al año en bebidas alcohólicas y se estima que detrás de cada bebedor problema hay una familia de cuatro miembros afectada. En cuanto al tabaco, la Caja Costarricense de Seguro Social gasta unos ¢25.000 millones en la atención de problemas asociados con su consumo. Diferentes estudios identifican que el 17% de la población son fumadores activos; lo que representa que unos 560.000 costarricenses consumen diariamente medio millón de paquetes de cigarrillos, con un costo de ¢200 millones por día o, lo que es lo mismo, ¢73.000 millones al año. Desde la niñez. A la par de este elevado consumo que mencionamos, estudios del IAFA y de la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños han identificado que la edad de inicio de consumo del alcohol ocurre cada vez más temprano, y resulta que actualmente se ubica antes de los 12 años, tanto en hombres como mujeres, y que conductas como la embriaguez, que antes se daba en secundaria, aparece entre un 10% a un 20% en estudiantes de primaria ( 20% a 30% en secundaria) . Sabemos, además, que la puerta de entrega al consumo de drogas ilícitas son el consumo de alcohol y el tabaco. Lo anterior se confirma con un estudio del 2005, de la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños, en una población de 1353 estudiantes de secundaria, que mostró que en 14 años (1991/2005), el consumo de alcohol pasó de un 14.5% a un 57.6% ; de tabaco, de un 7.5% a un 37.5% y de drogas ilícitas, de un 1% a un 10%. Ante esto y a pesar de toda la información disponible y de estar claramente identificado cómo los niños, niñas y adolescentes son los más vulnerables a la publicidad de cualquier droga, ciertos grupos interesados siguen resistiéndose a limitar la publicidad de alcohol y tabaco y no ha existido la voluntad política para hacerla efectiva. Sin embargo, lo increíble es que otros grupos, paradójicamente ligados al deporte, que deberían promover agresivamente estilos de vida saludables, pretendan incluir propaganda que estimule el consumo de bebidas alcohólicas, aprovechando las actividades deportivas, en donde asisten o las ven por televisión familias completas. Al menos esta situación debería llamarnos a la reflexión y no seguir indiferentes acerca de cuál es el presente y futuro que queremos para nuestros niños, niñas y adolescentes.
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