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"Preocupación por el turismo" El gobierno, el ICT y las mismas empresas turísticas, grandes o pequeñas, muestran fallas de bulto y de todo géneroLa empresa Walt Disney, como lo informa esta semana El Financiero, escogió a Costa Rica, único país seleccionado en América Latina, para llevar a cabo, a partir del mes de junio, hasta octubre próximo, un amplio programa turístico. Este programa se denominará "Sendero al Pura Vida" y se desarrollará preferentemente en Manuel Antonio, en Quepos y en La Fortuna de San Carlos. Están a la vista las ventajas de este proyecto para el turismo nacional. Más allá de los beneficios mediatos e inmediatos de este programa, es preciso detenerse en un aspecto básico, tal como se incluye en dicho reportaje: su mantenimiento o su ampliación dependerán de la satisfacción de la empresa promotora y esta, de la calidad del servicio. Por otra parte, la dimensión cualitativa del programa no solo está en manos de las empresas nacionales receptoras, sino también del Gobierno y del Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Desde esta perspectiva integral, y ante noticias como la reseñada, conviene que las instituciones públicas y las empresas dedicadas al turismo, en cualquier escala, se pregunten si están promoviendo seriamente esta actividad, si la han sabido aquilatar y mantener, y si tienen una visión clara y justa de su trascendencia en la economía nacional. Fácil es concluir de esta premisa que, si bien se ha realizado un esfuerzo considerable en la materia, en el orden cuantitativo y cualitativo, la realidad indica que faltan muchas millas por recorrer. La naturaleza ha sido generosa y el turismo internacional ha respondido con creces, mas no es necesario ser un experto en la materia, sino simplemente un observador atento o un usuario o cliente con criterio, para advertir las deficiencias que todavía acompañan el desenvolvimiento del turismo nacional, tanto en el ámbito de la responsabilidad de los funcionarios públicos como de los empresarios privados, tanto en la infraestructura vial, que, en sectores claves, es un desastre, o aeroportuaria, a medias y a empujones, como en las múltiples facetas del servicio. Una verdad de Perogrullo: el turismo, por su propia naturaleza y por la competencia global que lo distingue, asciende o decae, de acuerdo con la calidad del servicio en general y personal. En esta materia, nuestro país se ha descuidado porque se ha confiado. Como en otros campos, no hemos sabido cuidar y fortalecer el patrimonio. Y todo descuido, en la reñida lucha de la globalización actual, tiene graves consecuencias. Nos abstenemos del deber de puntualizar las fallas del turismo nacional recurriendo al artículo de Dennis Meléndez, economista, del viernes pasado, titulado "Preocupación por el turismo", en la columna El especialista de la sección económica de La Nación. El autor analiza la actividad turística como debe ser, esto es, desde el punto de vista integral para señalar, en cada paso de este recorrido, una serie de omisiones y fallas de toda índole y alcance, producto, más que todo, de la falta de planeamiento, organización, gestión y visión del Estado y también de las empresas, y, ¿por qué no?, de la confianza en una actividad que, a juzgar por la actitud de los funcionarios públicos y agentes, produce por sí misma en forma automática. Funcionarios y empresarios deben salir de su sopor. Tomen el artículo citado -breve, concreto y directo- y hagan un examen de conciencia. La competencia turística nos pisa los talones de manera firme y, como en otros órdenes de la vida nacional, nos debe mover al cambio para enriquecer las conquistas del pasado, para avanzar y para no vernos expuestos, como lo advierte el informe Estado de la nación, a comernos el futuro.
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