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¿El inicio de una nueva era? Al arrebatarle su propia fuerza electoral, el caracol le robó los huevos al águilaRodrigo Madrigal Montealegre El inconveniente de las encuestas es que a las elecciones les anulan el sabroso encanto del suspenso, como hizo el acomodador, en un cine madrileño, que abordó por la espalda al avaro que no le dio propina y le sopló vengativamente en el oído: "Le anticipo que el asesino es el mayordomo". Pero cuando las encuestas no son adulteradas y convertidas en un instrumento sórdido de manipulación, como profecía autoconfirmada que profana la democracia, puede convertirse en una amena caja de sorpresas que nos sacude el letargo, el tedio y la apatía en los sufragios fúnebres, como sucedió en las últimas elecciones. El candidato liberacionista tenía excelentes cartas en la mano. La mejor consistía en sus credenciales como estadista y paladín de la paz, que lo colocaron en ese pedestal donde se ejerce una elevada magistratura, pero del cual decidió descender a la palestra, para saciar la nostalgia del poder y salvar a su partido de un naufragio como el del PUSC. Algo hueca. Otro elemento a su favor fue la maquinaria electoral más longeva e importante del país que, debilitada por una vasta deserción y una militancia sin dedicación, acudió a las urnas impulsada por un reflejo condicionado. También lo favoreció una buena campaña electoral que, aunque algo hueca, promovió su imagen de candidato joven, optimista y positivo. Pero resultó contraproducente el contraste de ese espejismo tan fotogénico, con el protagonista real -marchito, agotado y otoñal- que, sin convicción en sus mensajes, logró vencer, pero no convencer, lo que es normal al alcanzar esa tierna edad en que, cuando al fin poseemos todas las respuestas, nos cambian las preguntas. Eso pareció confirmado cuando rechazó el debate con su rival, ya que ese duelo de gladiadores es parte del "pan y circo" electoral que disfruta la opinión pública. Desperdició la oportunidad de lucirse como orador y la impresión de arrogancia o de temor al duelo ideológico no le arrimó mucha agua al molino de su causa. Cuadratura del círculo. Decisiva fue, también, la colosal fortuna utilizada en su campaña y el apoyo de un poderoso sector empresarial, al que supo conquistar con la promesa de que no le temblaría la mano para vender el ICE y por su identificación plena con un TLC, que un vasto sector encuentra antipático. El resultado fue que su ideología fue cuestionada: ¿Es el PLN socialdemócrata o neoliberal? ¿Su alquimia ideológica logrará resolver la cuadratura de ese círculo tan redondo? El precio de ese dilema de identidad ideológica fue una deserción masiva de los círculos progresistas, académicos y profesionales, donde el PLN reclutaba a su élite, y de vastos estratos de esa clase media metropolitana, amenazada, maltratada y traicionada por el modelo del goteo que fracasó en toda Latinoamérica. En esa lucha tan desigual, la fortaleza del candidato del PAC se reveló en su mensaje sólido, cálido y solidario. A pesar de un semblante adusto que no contribuyó mucho a su carisma, su fortaleza brotó de la gran vitalidad en sus convicciones, que logró la titánica hazaña de seducir a esos vastos estratos medios, a los sectores con mayor nivel académico y a las organizaciones populares. A pesar de que a veces cuesta adivinar de qué lado rema la Iglesia, su mensaje firme y sutil compensó mucho la propaganda poco ingeniosa del PAC. Pero la mayor contribución a su causa fue el esfuerzo titánico de un equipo joven de idealistas íntegros, inteligentes y tenaces, que combatieron con un espíritu espartano de sacrificio y una dedicación contagiosa. Orfandad política. El tercer sector más importante fue esa masa enorme, anónima y silenciosa que naufraga a la deriva, de los indecisos que, hartos de tanta demagogia y corrupción, votaron a última hora sin convicción y legiones de abstencionistas que, sumidos en la orfandad política, quedaron como moros sin señor. Al salir el humo blanco -salpicado de oscuras dudas- el resultado consistió en una victoria pírrica, porque en ese empate virtual, el diminuto rival se convirtió en un igual. Además, al arrebatarle su propia fuerza electoral, el caracol le robó los huevos al águila. Así, el PAC remplaza al PLN como el partido de la gran clase media y este sustituye al difunto PUSC, como el partido de los más ricos y los más pobres. Pero lo más preocupante es que el país queda al borde de una violenta confrontación ideológica que debemos evitar. Con ese importante reacomodo de fuerzas, se anuncia el inicio de una nueva era, cuyo lema podría ser el grafito que algún alegre iconoclasta garabateó en la pared de una ciudad sudamericana: "¡Basta ya de realidades, exigimos promesas!".
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