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Fernando Volio: in memóriam Figura orientadora para el esfuerzo en pos de modernizar la democracia la gobernabilidadLuis Arnoldo Pacheco S. En 1973, al regresar a la Universidad de Costa Rica tras concluir mis estudios doctorales en La Sorbona de París, me reinstalaron en uno de aquellos petit cubículos de la Facultad de Ciencias Económicas. En el mismo piso se encontraba el de Fernando Volio, profesor de la Facultad de Derecho. Pronto, por su "don de gentes", fue fácil tertuliar con él e intercambiar opiniones sobre temas universitarios, problemas nacionales y, en especial, sobre los comicios presidenciales en liza, cuyos sondeos pronosticaban el triunfo de su amigo Daniel Oduber. Y, don Daniel, electo presidente de la República, le encargó la rectoría de la magna educación costarricense. Entonces, don Fernando, previas referencias de Percival Kelso -mentor y amigo-, me designó asesor ministerial. Así, durante casi cuatro años, tuve la oportunidad de aquilatar su cultura universal, talento político, ética existencial y pericia en el cumplimiento de aquellas tan significativas atribuciones públicas. Digno e inclaudicable. Su gestión ministerial, a tono con la notable obra socialdemócrata oduberista, fue fértil y pletórica en logros pro mejoramiento de la condición humana y profesional de los docentes y de la enseñanza en todos los niveles (en 1976, por fortalecer la enseñanza del francés, el Gobierno galo le concedió a él -y a este colaborador- la Orden de las Palmas Académicas). Y -según sus directrices e infaltables llamados al "sentido de la urgencia"- me permitió participar en el diseño y puesta en marcha de algunos de sus proyectos principales: Suministros Escolares, Conape, UNED, televisora estatal (canal 13). Al tiempo, a través de aquel estelar e inédito programa: "Casa del Maestro", entregamos más de 200 viviendas prefabricadas a educadores destacados en zonas remotas del país (Dulce Nombre de San Mateo, Zapatón de Puriscal, Tayutic de Turrialba, Isla de Chira, Paso Canoas, Peñas Blancas, Siquirres, Sarapiquí.). Además, se distinguió como alto funcionario diplomático en la ONU, hábil ministro de la Presidencia y un canciller de la República digno e inclaudicable en sus convicciones democráticas. Pero su fervor cívico más notorio estaba asociado a la majestad de la función legislativa, en cuyo ejercicio fue líder y actor muy destacado. Se deleitaba contando los famosos debates doctrinales que protagonizaron durante la segunda mitad del siglo XIX aquellos míticos parlamentarios ingleses: Dis-raeli, jefe de los conservadores, y Gladstone, jefe de los liberales . Y, entre sus relatos criollos preferidos, recordaba la pícara jugada procedimental que, en la legislatura 1966-70, él y otros diputados verdiblancos ejecutaron con maestría para preservar, ante los embates privatistas gubernamentales, los postulados socialdemócratas de la Banca nacionalizada. Faro de luz. A la par, escribió obras notables sobre valores y principios democráticos, temas parlamentarios, educación cívica e innumerables artículos publicados en La Nación. Fue tres veces diputado y dos presidente de la Asamblea Legislativa. Inclusive, póstumamente, los diputados de todos los partidos -en diciembre de 1996- bautizaron con su nombre el auditorio principal del recinto parlamentario. Estos trazos laudatorios sobre la cristalinidad de don Fernando -al cumplirse este mes de marzo 10 años de su partida terrenal- son antorcha para quienes hemos procurado aportar algunas ideas en pos de modernizar la democracia y gobernabilidad costarricenses. Igual, esos paradigmas, ante la crisis de credibilidad que afecta la majestad legislativa, la política y los procesos comiciales, deberían constituir guía espiritual para los gobernantes, ministros y diputados entrantes.
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