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BUENOS DÍAS

Confusión salomónica


Armando González
agonzalez@nacion.com


Don Ottón Solís no acepta su derrota ni la victoria del contrincante. Por el contrario, se compara con la legítima madre del niño amenazado por la espada del rey Salomón para insinuar que hace un favor a la patria al renunciar a un derecho que no ha conquistado.

En el pasaje bíblico, la madre pide al monarca entregar el niño a quien sin derecho lo reclama. Prefiere que el infante viva, aunque deba renunciar a criarlo.

Ya puesto en ese rol, don Ottón pide a los costarricenses aceptar el gobierno de Arias como la legítima madre pidió a Salomón entregar su hijo a la reclamante espuria.

Salomón identificó a la verdadera madre mediante la treta de la espada, pero nada en la treta retórica de don Ottón induce a identificarlo a él como el verdadero presidente.

Sus protestas contra el proceso electoral no pasan de insinuaciones basadas en la exageración de incidentes de escasa importancia.

Las papeletas y los padrones "extraviados" están apareciendo allí donde los magistrados siempre dijeron que aparecerían. Al final, el faltante será tan reducido que carecerá de relevancia.

Ya aparecieron más de 2.300 de las 3.908 papeletas que don Ottón andaba buscando. Los magistrados y fiscales también hallaron más de la mitad de los padrones "perdidos" y todavía falta escrutar gran parte del material electoral.

Los documentos "faltantes" siempre estuvieron en poder del Tribunal, solo que metidos en los sacos donde no pertenecían por un excusable y recurrente error de los miembros de las juntas electorales.

No existe el menor indicio de fraude, al punto de que nadie se atreve a pronunciar la palabra, aunque muchos están dispuestos a sembrar la duda con un lenguaje ambiguo y dañino para la democracia costarricense.

Don Ottón podrá insistir en que un proceso electoral debe ser perfecto para que no sea espurio, pero eso le obligaría a afirmar que en Costa Rica nunca hubo elecciones legítimas. Además, tendría que renunciar a sus aspiraciones presidenciales, porque jamás podrá colmarlas en el proceso inmaculado que él y sus seguidores han descrito.

¿Que ocurrirá si dentro de cuatro años don Ottón gana unas elecciones donde haya prueba de algún pecado venial de esos que él y su partido no están hoy dispuestos a tolerar?

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