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El regreso de la meritocracia Alejandro Urbina, director aurbina@nacion.com Con la ratificación de don Francisco de Paula Gutiérrez en la Presidencia del Banco Central bajó el "riesgo país". Nombramientos como el de don Francisco mitigan la ansiedad que generó el resultado electoral en los mercados financieros. Pero don Francisco no necesita elogios; se los ha ganado todos. Don Francisco es un fiel representante de aquella encomiable meritocracia tan venida a menos en los últimos lustros. Todos aspiramos a que surjan más ejemplos y resurja el venerable principio. Costa Rica cuenta con excepcionales hombres y mujeres capaces de asumir la administración pública. Don Óscar Arias, con su inagotable (y para algunos insoportable) perseverancia, puede convencerlos para que integren un equipo de gobierno de primera división. El apretado desenlace de la elección presidencial le ayuda: cualquier compromiso con los "pegabanderas" de la campaña se extinguió con el estrecho margen de victoria que lograron. Las siguientes personas engrosarían esa meritocracia integrada hasta ahora solo por don Francisco. La institución de mayor impacto en la calidad de vida de los costarricenses es, sin lugar a duda, la Caja Costarricense de Seguro Social. Los principales problemas de la CCSS no son médicos, sino de orden administrativo y financiero. Don Jorge Walter Bolaños tiene la experiencia para asumir semejante reto. Conoce a la CCSS por dentro y por fuera, pero, además, don Jorge Walter es uno de los escasos costarricenses con experiencia gerencial en una institución de más de mil millones de dólares. Pocas personas entienden el impacto de la tecnología en nuestro diario quehacer y en el buen gobierno como don Roberto Sasso. Luego de fundar el Club de Investigación Tecnológica, don Roberto ha sido corresponsable de los principales (pocos) avances en el gobierno digital. Internet hubiese tardado varios años más en llegar al ámbito comercial costarricense sin su estímulo al debate y su empeño por presentar al país las posibilidades de la tecnología. Desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología, don Roberto convertiría su visión en realidad. En el último año, los hidrocarburos cobraron una relevancia inesperada. El precio de los combustibles pasó a significar una gran porción del presupuesto nacional y un porcentaje aún mayor del gasto familiar. Don Roberto Dobles conoce esa industria y su impacto en nuestro desarrollo. Puesto una vez más al mando de Recope, utilizaría su experiencia para asegurar que el país consuma el mejor combustible al mejor precio. Pocas iniciativas impactarán más nuestro futuro personal que la Ley de Protección al Trabajador. La sostenibilidad de las pensiones constituye el mayor reto de cualquier sociedad desarrollada. Aunque Costa Rica aún no puede considerarse un país desarrollado, padecemos -en buena hora gracias al sistema de seguridad social- el mismo problema. Por el esfuerzo de don Ronulfo Jiménez, coautor de esa ley, el sistema nacional de pensiones recobró viabilidad. Con su perspicaz entendimiento del impacto de las políticas económicas en el individuo, don Ronulfo protegería los derechos del consumidor desde el Ministerio de Economía. El futuro de las telecomunicaciones nacionales se definirá en este siguiente gobierno. La discusión, además de técnica, será ideológica. Al frente del ICE se requiere una persona que entienda los argumentos de todo el espectro ideológico. Don Luis Diego Escalante comprende no solo las posibilidades tecnológicas, sino también las diferentes posiciones frente a este crucial tema. Su empeño durante la década de los ochenta permitió que hoy más de la mitad del café nacional se exporte con "denominación de origen" a precios muy superiores al promedio mundial. Conoce por dentro a los pacos y a las pacas (gentilicio de "gente PAC") pues en algún momento simpatizó con su planteamiento. Con su experiencia al mando de una empresa de proceso de datos, cuyo único fin es trasegar bits y bytes (y pelear contra un oligopolio privado) puede diseñar e implementar una estrategia de consenso para el ICE aceptable para tirios y troyanos. Cada día, los costarricenses motorizados y los de a pie sufrimos el lamentable estado de nuestra infraestructura. Don Roberto Artavia ha cuantificado el impacto del deterioro en nuestras vías de transporte terrestre, marítimo y aéreo. Las posibilidades y confianza en el próximo gobierno dependerán de la efectividad -en el corto plazo- del Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Con su conocimiento, integridad y ejecutividad don Roberto puede hacer realidad ese empuje a la infraestructura nacional que todos anhelamos y asegurar la transparencia en el funcionamiento del Cetac, Conavi y demás organizaciones adscritas a ese Ministerio. Pese a no llamarse Roberto (además de Sasso, Dobles y Artavia, otro tocayo de apellido Echandi en Comercio Exterior también podría alinearse en este equipo de primera), su preparación académica y su experiencia profesional en el sector público hacen de don Alberto Trejos un recurso indispensable de aprovechar. Desde el Ministerio de Hacienda, con su inteligencia, franqueza y capacidad negociadora, don Alberto podría lograr la reforma fiscal equitativa que requiere el país, sobre todo si -como esperamos- la Sala IV encuentra defectos al mamotreto recién aprobado. En yunta con don Francisco, don Alberto ayudaría a que el país -con prudencia y responsabilidad fiscal - alcance esa "nota" que otorgan las clasificadoras internacionales y a que tanto aspiramos: grado de inversión para nuestros bonos soberanos. Este equipo de ensueño (pesadilla para algunos) no se obtiene fácil ni gratis. Probablemente, ninguno de estos profesionales podría darse el lujo de sacrificar su posición actual. Para ellos, y para cualquier otro profesional de su nivel, los sueldos de los jerarcas del sector público son completamente insuficientes y hasta ridículos. El país debe aceptar esta realidad y adaptar la estructura salarial de estos funcionarios a la situación económica vigente. Tampoco el país puede darse el lujo de pagar sueldos incongruentes con las enormes responsabilidades de la función. Ya sabemos lo que ocurre, y lo que cuesta, que un funcionario se redondee el salario por fuera. Además de la magra remuneración, ciertas disposiciones absurdas de la Ley de Enriquecimiento Ilícito ahuyentan de la administración pública a los mejo- res y más brillantes y, paradójicamente, a los más honestos . Varios ejemplos lo han corroborado. Quizá ni siquiera don Francisco hubiese aceptado la Presidencia del Central si, cuando primero la asumió, hubiese estado vigente esa ley. Además de corregir -cuanto antes- los errores en la ley, debemos aceptar y asumir el costo (insignificante en el contexto nacional) de la excelencia. El desarrollo del país, como toda empresa, pende de la capacidad e integridad de sus funcionarios. Los beneficios de una meritocracia los disfrutaremos todos. Como hemos experimentado estos últimos cuatro años, el costo de una "mediocricracia" también lo pagamos todos, pero mucho más caro.n
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