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Expolicía quemó dos viviendas por conflicto familiar en Acosta Familia había recibido amenazas incendiarias, así como de muerteSospechoso estaba bajo los efectos del licor y dijo no estar arrepentido Otto Vargas M. ovargas@nacion.com San Pablo de Palmichal, Acosta. Un expolicía cumplió ayer con la promesa de quemar las casas de sus parientes en venganza por un conflicto familiar. El sujeto, Carlos Fallas Monge (de 30 años), destruyó las dos viviendas, en las que habitaban recolectores de café. Los afectados perdieron todas sus pertenencias. Las construcciones de latas y madera sucumbieron con facilidad ante la voracidad del fuego, que se desató a las 11:40 a. m. Fallas estaba ebrio. "Estaba disgustado porque su mujer lo dejó, pero la agarró contra la familia. "Varias veces nos dijo que nos iba a matar", afirmó Roxana Monge, hermana del sospechoso.
Conflagración. El expolicía llegó a la casa pasadas las 11 a. m. A su sobrina Meily Castro le pidió unos fósforos. "Fue a la cocina y cogió una botella de canfín. Me dijo que le iba a meter fuego a la casa. "Como ya nos había amenazado con eso, nadie le dio fósforos. Al rato vino a decirnos que saliéramos porque ya le había prendido fuego a la casa", expresó la joven. Las llamas alcanzaron otra vivienda de ese grupo familiar. Provistos de baldes, pichingas y pequeñas mangueras, los lugareños intentaron aplacar la furia de las llamas. El fuego les ganó la partida, máxime que a los bomberos de Santiago de Puriscal -estación más cercana- les tomó 40 minutos llegar hasta San Pablo de Palmichal. Encontraron una pila de escombros humeantes. Los vecinos evitaron que las llamas pasaran a una tercera casa. Lo paradójico es que el expolicía se sumó -en plena emergencia- al batallón de voluntarios que hicieron frente al fuego. La Fuerza Pública lo detuvo para presentarlo ante la Fiscalía. Advertido. Fallas se separó de su compañera a finales del año pasado. Desde entonces, sus problemas con el licor aumentaron, aseveraron sus familiares. "Desde el martes tomaba sin parar. Era muy problemático. Nos recomendaron que lo denunciáramos ante la Policía de Puriscal, pero al final no lo hicimos", agregó Roxana Monge. Horas antes del incidente, el vecino Rubén López le llamó la atención. "Andaba tomado. Nosotros le dijimos que se pusiera vivo, pues estaba muy mal. "Todo lo que tenía lo había vendido en el pueblo", explicó. Fallas sirvió a la Fuerza Pública hace unos seis años. Estuvo destacado en la Segunda Comisaría de San José. Es padre de dos hijos, quienes viven con su madre en Salitral, Santa Ana. En los últimos años, el hombre se desempeñó como matador de cerdos y pintor, según aseveró ayer el sospechoso.
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