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Niño de 2 años estuvo perdido 8 horas en montaña de Acosta Un perro de la Policía lo encontró en la parte alta de un cerro cafetaleroInfante soportó las bajas temperaturas y se salvó de guindos y coyotes Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Río Negro de Palmichal. Un niño de dos años deambuló durante ocho horas por una montaña de Acosta, San José. Eddy Francisco Mendoza Mairena tiritaba cuando un perro de la Fuerza Pública lo encontró sentado sobre unos troncos. El infante no llevaba abrigo y apenas calzaba unas chancletas. En esas condiciones subió por las fincas cafetaleras del cerro, pese a que sus abuelos le advirtieron que debía esperar mientras ellos recogían leña para su fogón. Al pequeño le perdieron el rastro a las 4: 30 p. m. del jueves. "Él había ido con los abuelos varias veces. Lo sentaron en el callejón -de un cafetal- y le pidieron que esperara.
"Cuando llegaron, mi hijo no estaba. Como él no camina muy bien (hace poco tiempo dio sus primeros pasos), pensaron que estaba cerca", contó la mamá, Nereida Mairena, de 19 años. La joven y un grupo de vecinos se internaron en la montaña. A Eddy lo llamaron a gritos, con la desventaja de que el niño apenas pronuncia unas pocas palabras. Temor. Al padre del infante -se llama igual que el niño- le notificaron la desaparición mientras laboraba en una empresa de jardinería, en Santa Ana. En un taxi regresó a su casa y de inmediato se sumó a la búsqueda. "Pasaron muchas cosas por mi mente. Temía que alguien se lo hubiera robado", expresó el papá, quien tiene 24 años. El muchacho lloró con amargura cuando se percató de que el tiempo pasaba y la montaña retenía a su único hijo. "Me sentía fatal. La temperatura bajó como a 10 grados centígrados. Le tenía miedo al frío y a los precipicios, pero sobre todo a los coyotes; aquí hay muchos. "Cada vez que aullaban, me sentía más nervioso", relató. Avanzada la noche, un vecino encontró un rastro del infante montaña arriba. Rescate. La Policía utilizó un peluche del niño para orientar a sus dos canes. Uno de los perros regresó a la casa de los padres, otro se enrumbó a la parte alta del cerro, donde apareció a las 12:45 a. m. Personal de la Cruz Roja lo abrigó y, tras un chequeo, determinó que gozaba de buena salud. Minutos después los socorristas lo entregaron a los padres. El infante solo atinó a decir: "café, café". A sus padres les pidió "chupón" en cuanto llegaron a la vivienda. "Tenía algunos raspones en los pies y estaba lleno de tierra; muy sucio. No pienso dejarlo ir más a ese lugar", sentenció la madre. La familia es originaria de Matagalpa, Nicaragua, y desde hace más de un año se mudó a territorio Nacional. "Este es nuestro primer hijo. Sentí que me iba a morir si le pasaba algo", expresó el padre.
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