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Pagar, no por ahora Armando Mayorga amayorga@nacion.com Declarado oficialmente el presidente electo, el proceso electoral debe generar reflexiones para decidir qué cambiar. Sin duda, una modificación indispensable es el voto electrónico, el cual permitirá obtener y anunciar datos preliminares precisos en la noche de las elecciones y saber quién es el elegido en cuestión de pocas horas. Brasil, por ejemplo, implantó el sistema para la totalidad de electores en el año 2002, con 414.000 urnas. Apenas tres horas después de cerrada la votación, el país conoció el resultado. Pero, aquí, la innovación no solo debe ser tecnológica, sino humana. En este aspecto, lo principal es que con el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) como eje, se lance un plan de motivación para que partidos y ciudadanos se compenetren con todo el proceso electoral. Debe ser un plan continuo en el cual se incentive al costarricense a apreciar más la elección y a colaborar como elector o como fiscal de junta receptora. Esta estrategia debe ir dirigida a atacar el abstencionismo y también la apatía para servir como miembros de mesa. Esta vez, 15.000 personas inscritas por los partidos políticos para vigilar en las mesas, al final no acudieron a juramentarse, por lo cual, el TSE, de última hora, debió reclutar 5.000 voluntarios, de los cuales llamó a 2.500. En ese lapso de crisis, el TSE tuvo un ímpetu nunca antes visto y, así, logró remover sentimientos cívicos en mucha gente que estaba alejada del proceso. Con la ayuda de figuras notables, de medios de comunicación, y, sobre todo, de estos ciudadanos, la elección salió bien. Pero, tras la emergencia, la solución que algunos lanzan es pagar a los miembros de mesa para que cumplan esta labor cívica en cada urna. Error: esa debe ser la última opción porque pondría el signo de colones a nuestra gran fiesta cívica. Hay mejores soluciones, como la aplicada por Ecuador, que otorga dos días libres a quien se sume a ayudar. Si aquí fuese uno, lo tendrían bien merecido. Importante es remarcar que los miembros de mesa no son del TSE, sino designados por los partidos, que se abstraen de estimular a su propia gente a supervisar las urnas, pero luego, a voz en cuello, denigran la elección. A las puertas de los comicios para alcaldes, en diciembre, el TSE debe convertirse en un remolino que incentive no solo a votar, sino a ayudar. Es hora de que el Tribunal también haga su campaña electoral.
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