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Pedagogía en febrero El amor, la amistad, la belleza y la paz interior son las razones de ser de hombres y mujeresRóger Churnside Escribo sin conocer el conteo final de los votos, pero sospecho y espero que todos los costarricenses reflexionaremos profundamente sobre estas elecciones. Por mi parte, como suelo hacer en este espacio, ofrezco algunas ideas con la intención de que los lectores y lectoras las apliquen, si tuvieran a bien, como puntos de comparación para su propio pensamiento. Creo que las elecciones dejan cuatro enseñanzas principales: una para cada ciudadano, en general; una para mí, en particular; una para don Óscar Arias; y una para don Ottón Solís. Por supuesto que todo ello refleja solo una perspectiva personal; y cada ciudadano o ciudadana tiene la potestad y el deber de elaborar la suya propia. Doy mis opiniones sobre enseñanzas para otros, así como para mí, porque todos participamos en el proceso electoral y sus resultados afectarán el futuro de todos. A continuación, las describiré en el orden señalado. kLa elección enseñó a cada ciudadano que su voto no solo cuenta, sino que es o puede ser decisivo. Nuestro sistema electoral tiene imperfecciones y, entre ellas, la más importante es que los ciudadanos no disponemos de la posibilidad de votar por ese sistema, como tal, frente a otros, solo podemos votar por las personas específicas cuyos nombres arroja el sistema. Esas imperfecciones del sistema electoral deben ser atendidas; pero, aun con ellas, cada ciudadano puede influir en la escogencia de los nombres o personas. Esto quedó evidenciado con la pequeñísima diferencia entre los dos candidatos que obtuvieron más votos: entre esos pocos votos que marcaron quién alcanzó la presidencia "estuvo" el de cada -o cualquier- ciudadano. Esto es cierto al margen de la magnitud de la diferencia, pero su claridad aumenta con la pequeñez de ella. kPor lo menos tres científicos sociales de nuestros tiempos se "rebelaron" contra la idea equivocada de que las relaciones entre las personas se imponen a ellas, de alguna manera, y argumentaron que los actores, sujetos o "yo" -es decir, personas de alma, carne y hueso- influyen en esas relaciones. Y debo confesar que, como ciudadano, fui llamado por uno de los candidatos para ejercer esa facultad participando en su campaña; sin embargo, si bien le di mi adhesión pública, escribí artículos en su favor, asistí a algunas de sus reuniones y voté por él, no trabajé con gran intensidad por su causa; francamente, sentí que eran más importantes mis tareas académicas. Así, ante el margen tan estrecho de los resultados, me pregunto si un mayor esfuerzo mío pudo haber reducido e inclusive revertido la diferencia. Por tanto, aprendí que yo y otros que actuaron como yo pudimos haber afectado los resultados de las elecciones; y debimos haber ponderado mejor nuestras prioridades conforme a las circunstancias. kEspero que don Óscar Arias haya aprendido que el liderazgo no es exclusivo. Por más experiencia y distinción que tenga un líder, no debe subestimar la capacidad y representatividad de otros. Tal como hace veinte años, cuando él era relativamente joven, muchos confiamos en él y lo apoyamos con entusiasmo, hoy también disponemos de líderes jóvenes con potencial comparable que merecen confianza y apoyo. kFinalmente, ojalá esta experiencia de don Ottón Solís le haya enseñado que la presidencia de este país no es un fin personal, ni siquiera su ejercicio excelente. Al verlo disfrutando de un paseo con sus pequeñas hijas, pensé: ¡ese sí es un fin de la vida! El poder político es un medio, ciertamente de gran importancia y merecedor de luchas y sacrificios, para hacer el bien y forjar una sociedad justa; sin embargo, el amor, la amistad, la belleza y la paz interior son las razones de ser de los humanos. Lo primero puede ser pospuesto o desechado, dependiendo de las circunstancias de la vida; pero los segundos no, porque son la vida misma.
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