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EDITORIAL

Un nuevo "socio" atómico

Si prospera, tendremos una sexta potencia nuclear legitimada en el mundo


Al Gobierno y al pueblo de India les sobran razones para sentirse orgullosos. El pasado jueves 2, durante una visita oficial a Nueva Delhi, el presidente George W. Bush y el primer ministro Manmohan Singh firmaron un pacto nuclear realmente "histórico" (como dijeron ambos), mediante el cual Washington da su bendición a la política india en ese campo y, de hecho, le abre la puerta para que, a corto plazo, pueda convertirse en la sexta potencia nuclear legítimamente reconocida, junto a Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China.

Según el arreglo, que formó parte de un conjunto de acuerdos firmados por ambos dirigentes, los estadounidenses darán fin a varias décadas de moratoria en la venta de combustible y equipos nucleares civiles a la India. A cambio, su Gobierno se compromete a sacar fuera del ámbito militar 14 de sus 22 reactores, los cuales se abrirán a una permanente inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Sin embargo, los ocho restantes se mantendrán fuera de control externo; además, los indios mantendrán su derecho a desarrollar, en el futuro, más "reactores reproductores rápidos", capaces de producir plutonio con fines bélicos. Es decir, su programa militar atómico no solo se mantiene, también podrá crecer.

Tanto el presidente francés, Jacques Chirac, que había visitado India días antes, como el primer ministro británico, Tony Blair, celebraron el acuerdo, lo mismo que el director general de la AIEA, Mohamed ElBaradei, quien lo calificó como un "importante paso" para satisfacer las enormes necesidades energéticas de la emergente potencia asiática, y para que esta llegue a convertirse en un "importante socio del régimen de no proliferación". Hasta ahora, más bien, el país ha sido un paria internacional en materia atómica. Su Gobierno está al margen del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN); en 1974 llevó a cabo una explosión atómica con fines militares, lo cual produjo el embargo estadounidense y de otros países, y en 1998 hizo nuevas pruebas explosivas.

Que, a pesar de todo lo anterior, Bush firmara el acuerdo y este recibiera el aval de algunas de las principales capitales del mundo, pone de manifiesto que, en este caso, las realidades económicas, políticas y estratégicas se han impuesto sobre la legalidad del sistema internacional. La magnitud económica, territorial y demográfica de India, la solidez de su régimen democrático, su discreta y responsable conducta y su papel como gran contrapeso de China en el sur de Asia han sido razones suficientes para el cambio. Esto, con razón, debe satisfacer a los indios. Pero con igual o mayor razón debe inquietar a muchos otros pueblos y gobiernos, por el negativo impacto que podría tener sobre el TNPN, precisamente cuando, bajo la justa invocación de sus preceptos, la comunidad internacional rechaza firmemente el programa nuclear de Irán.

Por supuesto que el Gobierno indio, que trabaja en un marco de controles y contrapesos democráticos, dista mucho de la teocracia de los ayatolás. Y por supuesto que, en política internacional, a menudo los acuerdos deben adaptarse a las realidades. Sin embargo, el precedente que se ha establecido, al avalar un programa militar que se ha desarrollado y (peor aún) podrá seguir desarrollándose al margen de la inspección internacional, es altamente preocupante y puede abrir el camino para un riesgo nuclear más incontrolable a mediano plazo.

La firma del tratado no quiere decir que llegará a ratificarse. Esta decisión corresponderá ahora al Congreso estadounidense, donde confronta serias críticas, tanto de demócratas como de republicanos. Bush, debilitado internamente por muchas otras razones, tendrá que desplegar una capacidad de convencimiento inusitada para obtener respaldo. Si triunfa, la esperanza es que la legitimación de la India abra más vías de control y cooperación nucleares en el futuro. Si fracasa, sería una excelente oportunidad para replantear el arreglo, con mayores controles y un mayor respeto del Tratado.

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