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Condenado por envenenar a esposa Hombre ejecutó plan durante meses para ocultar crimen, según la sentenciaPadre de la víctima tuvo dudas y solicitó investigar la muerte, que parecía suicidio Irene Vizcaíno ivizcaino@nacion.com El maestro de inglés Carlos Alberto García, de 37 años, fue condenado ayer a 30 años de prisión por envenenar a su esposa, según lo determinó el Tribunal de Juicio de Alajuela. También deberá pagar ¢10,6 millones a la familia de la fallecida por los daños causados. De acuerdo con las investigaciones, para cometer el crimen, García echó a andar un plan desde muchos meses atrás. Específicamente, comentó a sus compañeras de trabajo en un centro educativo de Grecia que su esposa, Ana Isabel Alfaro Salas, padecía de un cáncer terminal. Por esta razón, la noticia de la muerte ocurrida el 3 de diciembre del 2002 no asombró a las colegas. No obstante, a los parientes de la mujer les dijo que ella estaba desayunando cuando repentinamente cayó desmayada, razón por la cual la trasladó al hospital San Rafael, de Alajuela. En ese centro de salud fue declarada fallecida por paro cardíaco. Convenció incluso a los parientes de la mujer para evitar que el cuerpo fuera llevado a la medicatura forense, donde le practicarían la autopsia. Sin embargo, por las condiciones del deceso ya el hospital había dado aviso al Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Con los exámenes que realizaron los forenses se determinó que la víctima falleció por envenenamiento con un insecticida del tipo carbamato, de alta toxicidad y comúnmente llamado lannate. De esta forma, la explicación del fallecimiento pasó de muerte natural a suicidio, situación que extrañó a los parientes de la mujer. Poco tiempo después de la muerte de Alfaro, el viudo hizo nueva vida, según lo que declararon varios testigos. Ocho días después del entierro colocó en su cuarto la foto de una mujer con la cual sostenía una relación sentimental, que finalmente se hizo pública. Quince días después cobró la póliza de vida de su esposa y pidió a la suegra la parte que le correspondía a ella para comprar una finca a su hijo. En julio del 2003, siete meses después de quedar viudo, nuevamente contrajo matrimonio. Descubierto. Cuando se dio su nuevo matrimonio , ya el padre de la víctima, Carlos Alfaro, había realizado investigaciones y pedido la intervención de la Policía Judicial. Sus sospechas surgieron cuando las compañeras de trabajo de su yerno le dieron el pésame, recordándole que con la muerte se acababa también el sufrimiento de su hija por la enfermedad. Como él sabía que ella estaba sana supuso que todo era un engaño. Fue así como poco a poco se fue tejiendo una historia que los jueces Douglas Rivera, Franz Paniagua y Miguel Fernández calificaron de "pantomima macabra" y "plan maquiavélico". Según su fallo, no hizo falta la existencia de testigos directos del crimen pues hubo abundantes indicios para llegar a la conclusión de que García envenenó a su esposa para estar con otra mujer y obtener beneficios patrimoniales. "Nadie entiende por qué usted no optó por el divorcio, pero esa fue la decisión que usted tomó y ahora le cae el peso de la justicia encima", le dijo Rivera al imputado, quien permaneció solo y silencioso. Los jueces ordenaron ahí mismo detener a García mientras la sentencia queda firme.
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