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Excelente obra cultural Jorge M. Sandoval L. sandoval@racsa.co.cr Estudiante Costa Rica tiene una deuda impagable con don Guido Sáenz. Su nombre es clave en el panorama cultural de nuestra patria. Pero una vez más surgen personas que ponen en duda su capacidad y determinación para acometer grandes obras por el país. Entre estas personas se encuentra un grupo de 22 diputados, los cuales afirman en una carta enviada al presidente Pacheco que apoyarán la aprobación la creación del centro La Aduana "solo si se hacen correcciones a favor de los lineamientos de control y transparencia en el manejo de los fondos públicos de la organización administrativa del Estado". Y agrega una diputada: "Nosotros vamos a aprobar todos aquellos programas que vayan a favor del enriquecimiento cultural, pero no aquellos que pasen los fondos públicos a manos privadas". El meollo de sus preocupaciones es que La Aduana tendrá "personalidad jurídica instrumental" y será administrada por una fundación. Eso les causa pánico. Pánico infundado, pues así trabajan tanto la Orquesta Sinfónica Nacional como el Teatro Nacional y son eficientes (y transparentes), pese a su exiguo presupuesto. Personalidad de don Guido. Don Guido Sáenz no es ningún novato caprichoso. Es un quijote. Nuestro quijote. Su visión y su carácter emprendedor permiten que hoy los costarricenses disfrutemos de obras colosales: la Sabana con su lago, la Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta Sinfónica Juvenil, la recuperación de las ruinas de Ujarrás, la iglesia y el convento de Orosi, la plaza de la Cultura, incluyendo los museos del Banco Central, la Escuela de Música, el parque de la Paz, el Museo de Arte Costarricense (¿habrá quien todavía no conozca el Salón Dorado?). Tampoco se pueden dejar de mencionar los proyectos descontinuados, como el de "Cultura en marcha" de los domingos, que se suspendió tras alegar que "era muy caro". Y el programa de TV Atisbos, con entrevistas a los artistas del país, que se perdió para siempre porque alguien decidió darle un mejor uso a ese material y terminaron grabándole corridas de toros encima. Y aún hay más gestas realizadas por el profesor Sáenz, pero no sigo enumerándolas porque ya se me acabaron los dedos. Todas esas batallas las ha enfrentado el Ministro contra viento y marea. Con lágrimas, sudor y, por poco, sangre. Esta vez viene con la intención de crear el Centro Cultural de la Aduana, del cual la viceministra, Amalia Chaverri, ha dicho que será un "edificio antimaras". Tiene un costo de $20 millones. Mucho dinero, sí. Pero es más caro no hacerlo. Sabemos que lo va a cumplir porque don Guido termina lo que empieza. No se ha podido quitar esa mala costumbre.
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