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Un pueblo digno El ciudadano costarricense despertó con olfato crítico y reivindica sus derechosManrique Jiménez Meza En el pasado proceso electoral me propuse ser un espectador activo que ejerció su derecho y deber del voto ciudadano. Mi posición subjetiva quise objetivarla, sin pasión ni sectarismo, a fin de hacer ciencia social, lo que no es fácil cuando el sujeto que conoce y el objeto conocido forman parte de una misma realidad social, aunque tengan vida propia pero entrelazada; y es así que, para algunos autores, la ciencia social no es ciencia por ser social. Es imposible, en esta perspectiva, que el investigador se despoje de valores, prejuicios, ideas o principios insertos en la realidad que se pretende investigar con imparcialidad y transparencia. No en vano, la fenomenología de Husserl impone una norma básica: el sujeto cognoscente debe vaciarse al máximo del ropaje social para hacer ciencia, sin que por ello deje de ser ente social, lo que forma parte de su constitución natural, como diría Aristóteles. No lejos de cualquier equivocación, deseo compartir algunos criterios frente a una elección reñida y una lección histórica. Antes que nada, nuestro pueblo merece reconocimiento expreso. Con paciencia estoica ha esperado resultados, entre quejas y recursos posibilitados por el ordenamiento jurídico, del análisis y decisión motivada del Tribunal Supremo de Elecciones. A pesar de la existencia de yerros y omisiones, todos esperamos justicia electoral pronta y cumplida, con resultados objetivos, válidos en sí, que no requieren propaganda ni cálculos mediáticos. El TSE debe hacerse respetar con la justicia y la verdad y eliminar cualquier práctica o jurisprudencia basada en el error o la nulidad. Ambos no hacen Derecho. Ni águilas ni caracoles. El alto abstencionismo (que incluye a quienes tuvieron impedimento), ganador en la pasada contienda, refleja el malestar ciudadano con los políticos y sus propuestas. El escepticismo y la desconfianza del electorado es sanción al abuso y la mentira, perpetrada y compartida por los negociantes desde y del erario a costa del ciudadano. Estamos con minusvalía de principios y fines democráticos, que impone su revisión seria y profunda, sin águilas ni caracoles, sin vías de hecho ni obsoletos extremismos de izquierda o derecha. La mayoría costarricense rechaza los extremos, castigados con la ignorancia y la votación. Tampoco quiere reyes ni reinados, sino gobernantes republicanos y honestos, con capacidad de diálogo y concertación. La participación ciudadana ha retomado su fuerza motriz, al ritmo de las avanzadas democracias de Occidente. El ciudadano actor, y no ya simple espectador, forma parte de la nueva dinámica democrática, inserta como derecho fundamental en distintos textos constitucionales. También el derecho a la administración pública eficiente se hace parte de su elenco regulador. Ya no se es administrado, sino ciudadano respetado frente al poder público constituido a partir de la satisfacción de intereses compartidos y ajenos, o, mejor aún, altruistas, por imposición del ordenamiento jurídico y la realidad material. En verdad, nuestro Estado empieza a ser democracia directa. Resultados sorprendentes. El Estado social, sin perjuicio del liberal, gloria de la historia patria, demandó su lugar preferente. En Liberación Nacional las zonas alejadas, olvidadas y pobres pegaron su grito de auxilio con retoma del ideario socialdemócrata, por definición ideológica, lo que el arismo no puede olvidar. En efecto, gran cantidad del electorado socialcristiano avaló el otro mensaje del Estado presente y benefactor. En el PAC, la dimensión social y participativa obtuvo resultados sorprendentes. El Estado democrático y social forma parte de nuestra idiosincrasia aceptada, reclamada y fortalecida. A partir de esta realidad, los actores principales de la escena política podrían sentar las bases para transigir estrategias y enfoques por este país maltratado, con inclusión de un TLC que ha de ser instrumento para el beneficio de muchos y no de pocos. El mensaje es claro y decisivo: honradez sin manipulación. Justicia social en libertad. El ciudadano despertó con olfato crítico y reivindica sus derechos. Excelente principio por la democracia con demócratas. Solo así sobrevive y se supera. ¡Loas a nuestro pueblo! Sin duda lo merece.
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