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Sub/Versiones Leonardo Garnier garnier@amnet.co.cr El resultado de las elecciones no podía haber sido más interesante. Óscar Arias ganó por un pelo la presidencia a Ottón Solís, que, al perder por un pelo, resultó también ganador: la diferencia de 18.000 votos (1,12%) es la más apretada desde el triunfo de Trejos sobre Oduber en 1966. Liberación Nacional elevó su votación respecto a las elecciones pasadas logrando una mayoría legislativa de 25 diputados, pero no una mayoría absoluta, lo que lo obliga a una actitud de apertura y negociación. Acción Ciudadana avanzó también, obteniendo 17 ó 18 diputados que la convierten en la segunda fuerza política. El Movimiento Libertario no creció, pero mantuvo su peso legislativo, con 5 ó 6 diputados; y la Unidad Social Cristiana, ganadora de las últimas dos elecciones, sí acusó un duro golpe al quedar con solo 4 ó 5 diputados, seguidos por 4 ó 5 independientes. Este escenario podría inaugurar una nueva época en la política costarricense. Por más de veinte años, luego de la gran crisis de 1979-1982, Costa Rica pasó por un proceso de estabilización y ajuste que logró recuperar una precaria estabilidad y un crecimiento frágil, aumentando y diversificando las exportaciones e, incluso, revirtiendo el empobrecimiento dramático producido por la crisis (y que algunos olvidan). Pero el proceso tuvo también defectos importantes -como el debilitamiento de la clase media, el deterioro institucional y el aumento en las desigualdades-, causados tanto por las restricciones financieras como porque el balance político había girado hacia un eje de centro-derecha que sesgó la interacción entre los dos partidos dominantes: el PLN y el PUSC, en lo que muchos -a veces con razón, a veces sin ella- llamaron "PLUSC". Esta elección parece marcar el final de esa etapa. Se evidencia un interesante giro hacia el centro-izquierda que reflejaría tanto el descontento y la desesperanza que sur-gen por las insuficiencias de nuestro desarrollo reciente y las amenazas que se ciernen sobre él (de ahí el crecimiento del PAC), como el reconocimiento de los logros del pasado y la necesidad de que el país vuelva a avanzar (de ahí el triunfo del PLN). Podría estar abriéndose la posibilidad de un nuevo tipo de acuerdo político que me parece interesante y positivo: un acuerdo que balancee las demandas del dinamismo económico -sin el cual no puede haber bienestar- con las necesidades igualmente apremiantes de la equidad, la movilidad social y la redistribución; que integre el mejor funcionamiento de los mercados, la apertura y la iniciativa privada, con la reconstitución de las políticas públicas y la responsabilidad del Estado en garantizar que el desarrollo sea solidario: beneficiando a todas y todos, no solo a "los ganadores". Podría ser una oportunidad histórica. Ojalá lo entendamos y no la dejemos pasar.
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