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Las pérdidas del Central Hay una política que quizás resulte poco elegante, pero que sí es muy efectivaThelmo Vargas Hace unos años, quizá unos 12, un grupo de costarricenses nos reunimos con autoridades del Banco de la Reserva Federal (FED) de los Estados Unidos. Por la tarde, alguien nos informó de que Mr. X (a quien llamaré así porque no recuerdo su nombre), a la postre Vicepresidente del FED de Boston, nos había invitado a una cena en uno de los lindos restaurantes del puerto, que se especializan en mariscos. Gran invitación, y todos, engalanados y perfumados, llegamos a la cita. Preciosa vista; decoración y ambiente lindísimos. Entrada de almejas, cangrejo de Alaska, vino del valle del Napa, queso Stilton...; en fin, cada uno pidió lo que más le apetecía. ¿Riesgo moral? Quizás. Termina la cena; el anfitrión pide la cuenta; ve cuántos éramos los comensales, hace una rápida operación aritmética y en voz alta dice: "¡Son sesenta y seis dólares por persona!", a lo que algunos de mis compañeros, en susurro, respondieron: "¿No era que el hombre invitaba?". El FED, banco central de los Estados Unidos, no puede perder en sus operaciones, y, por esto, ni sus más encumbrados jefes favorecen el consumo conspicuo. En Costa Rica, en cambio, casi cualquier presidente ejecutivo de institución autónoma, aun las más pobres, de cuando en cuando y con aires de impor-tante, en una situación como la cena en Boston encuentran muy fácil decir: "¡Yo invito!". Claro es que él no invita. Quizás, lo que debería decir sea: "¡Por mi medio -y sin él saberlo-, el Pueblo de Costa Rica nos ha invitado a todos!". Pero vayamos al caso concreto del Banco Central de Costa Rica (BCCR), cuyas pérdidas constituyen el motivo de este escrito. Compromisos ajenos. En principio, es adecuado que sea el Ministerio de Hacienda (MH) el que apechuga con las pérdidas del BCCR, para que se pueda conducir mejor la política monetaria y cambiaria del país. En efecto, el MH tiene acceso a impuestos, y el Central no, o al menos no debería tenerlo, y -nos dicen algunos expertos- las pérdidas del BCCR son en realidad de naturaleza "cuasifiscal" pues fueron compromisos que inicialmente correspondieron a otros entes del Sector Público. Sin embargo, eso no está tan claro, y las pérdidas tienen un componente que es de su propia creación, como si Mr. X se volviera loco y le diera por invitar a cenar a todo el mundo. Veamos. El BCCR compra dólares a quienes los producen porque exportan, o que de alguna manera los reciben, y para ello les paga con colones. De paso, aumenta las reservas monetarias internacionales, y esto alegra a muchos. Cuando el Central se da cuenta de que lanzó a la calle demasiados colones y que eso atiza la inflación, emite y vende bonos ("bonos de estabilización monetaria") para recoger "liquidez". Como los bonos no los compra el arcángel Gabriel sino inversionistas mundanos, entonces, para atraerlos, el Central tiene que pagarles una buena tasa de interés. Con esto vuelve a lanzar dinero a la calle, y cuando paga el principal, también. Resultado: pérdidas. Entonces, repite el experimento, pero en mayor escala. Pérdidas. En otras situaciones, el Central emitió títulos denominados "en dólares" para captar recursos, aumentar reservas y quizá evitar que el tipo de cambio baje. Para hacerlo, pagó, a los compradores, tasas de interés más altas que las del mercado internacional. Para no deshacer el efecto de su política, esas reservas eran invertidas en el mercado internacional... a tasas inferiores a las que pagó por obtenerlas. Resultado: pérdidas también. Por ello, ahora, cuando se piensa en pasar las pérdidas del Banco Central al Ministerio de Hacienda, hay que tener presente que el paso no ha de ser incondicionado. Debe, cuando menos, prohibirse al Banco Central: a) incurrir en nuevas pérdidas; b) recurrir a prácticas impositivas, por ejemplo, operar con un diferencial cambiario superior al costo real de llevar a cabo las operaciones de compra y venta de divisas. En este entorno, el BCCR encontrará que la conducta de Mr. X quizás sea poco elegante, pero que es sumamente efectiva.
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