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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Los consejos universitarios de la UCR y de la UNA sentaron en el banquillo al TLC y, por supuesto, lo condenaron ideológicamente. La sentencia de la UCR fue penosa. La de la UNA, más amplia en sus premisas, desemboca en conclusiones extrañas y confusas. En el primer considerando dice: "Costa Rica, por lo reducido de su tamaño y su ubicación geográfica, requiere del comercio y de los servicios internacionales". A mí me enseñaron que todo país, chiquitico o grandote, necesita el comercio y los servicios internacionales. Luego, acepta el reto de la globalización y admite que "históricamente, el país ha demostrado que es capaz de comerciar exitosamente con el resto del mundo". Si así ha sido, sobre todo, con Estados Unidos, ¿por qué enclaustrarse? De seguido, por una supuesta "asimetría" comercial, prefieren la peor asimetría: una Costa Rica aislada. Según el considerando dos, el TLC debe "enmarcarse dentro de una agenda permanente del país para resolver los principales problemas nacionales". Si esta es la condición, ¿por qué rechazar el TLC con una serie de "argumentos" irrazonables? Y si se propone una agenda permanente sin TLC, esto es, menoscaba en la inversión y en el empleo, ¿cómo resolver los problemas nacionales? Además, ¿había que esperar el TLC para atacar los males estructurales? ¿No están llegando tarde? En el considerando tres, se dice que el TLC "no constituye un instrumento de potenciación y desarrollo nacional". Nadie lo ha dicho. El TLC es un tratado comercial. Luego, añade que el TLC "produce un sentimiento de incertidumbre" en el país. ¿Cómo lo verificaron? Todo lo contrario: la falta de TLC sí está creando incertidumbre. ¿Conocen "el sentimiento" de empresarios, trabajadores y futuros profesionales? En el considerando cuarto, se reitera el tema jurídico, de sobra explicado por eminentes juristas nacionales, así como por la Comisión de Notables. ¿Por qué sentar como verdad absoluta lo que no lo es? El mayor pecado, sin embargo, del Consejo de la UNA es dejar de lado lo esencial: ¿qué pasa si Costa Rica queda al margen por no aprobar pronto el TLC? ¿Cuál será su efecto en la inversión y en el empleo? ¿Cuál es la propuesta de la UNA y de la UCR en esta hipótesis fatal? Y ¿cómo rechazan el TLC, a nombre del Estado social de derecho, si, desde hace años, se está desmantelando el sector social por la corrupción, la pésima gestión pública y la paranoia ideológica? En fin, con todo respeto, los consejos universitarios citados -a ellos me refiero- no han iluminado al país en esta hora de nuestra historia.
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