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Sobre la Iglesia La más noble tarea de los cristianos para con los no cristianos es padecer por ellosGuillermo Malavassi V. Dice Benedicto XVI: "Ciertamente, el Señor pide nuestra colaboración, pero antes de cualquier respuesta nuestra se necesita su iniciativa: su Espíritu es el verdadero protagonista de la Iglesia" (L'Osservatore Romano, 9 de junio del 2006). Antes de ser papa, él escribió La fraternidad cristiana. De allí se siguen las tres tareas de la Iglesia: 1.ª Llevar al mundo la palabra de Dios manifestada en Jesucristo; dar testimonio público ante la faz del mundo de la obra de salvación llevada a cabo públicamente por Dios, de forma que nadie la pueda ignorar. Esta misión ha de realizarla con santa discreción, de modo que se den plena cuenta los hombres, llevándoles sencillamente la obra de Dios y su voluntad salvífica. Hay maneras de predicar el Evangelio que pueden ser contraproducentes. Esto ha de tenerse realmente en cuenta, sobre todo, en lo que se refiere al uso de la radio y de la televisión. No es precisamente el que más habla el que mejor predica el Evangelio, sino el que lo vive y lo comunica como una auténtica forma de vida. 2.ª Respecto de los no cristianos, practicar la caridad. Primero, por el ejemplo de la caridad entre los cristianos, para ser luz sobre el candelero, ciudad sobre el monte. Esta caridad entre los cristianos fue algo que conmovió profundamente al mundo pagano en los primeros siglos. Pero no basta amar a los hermanos en la fe; hay que practicar la caridad con todos los que la necesitan, sin esperar correspondencia ni agradecimiento. Porque ocurre que el mundo ignora con frecuencia los bienes venidos del cristianismo y ataca fieramente a la Iglesia. El ejemplo del Señor es que amó a los que ni lo conocían ni lo amaban, y se entregó a la muerte por ellos. Ese es el ejemplo por seguir: amar sin medida. Bien se dice que siempre que considere un cristiano la miseria del prójimo y sienta conmovérsele las entrañas por la caridad, se verifica una auténtica parousía del Señor. 3.ª La más noble tarea de los cristianos para con los no cristianos es precisamente padecer por ellos, como el Maestro: "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida por la redención de muchos". Así queda formulada no solo la ley fundamental de la vida de Jesús, sino también la ley fundamental de la vida de todo discípulo suyo. Los discípulos de Jesús siempre serán "pocos", y en este sentido contrarios a la masa, a los "muchos": "Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida, y cuán pocos los que dan con ella", "Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos", "No temas, rebañito mío", "Os envío como ovejas en medio de lobos". A ejemplo de Jesús, la misión de los discípulos es entregarse "por los muchos"; no estar contra ellos, sino para ellos. Y en los momentos de la persecución, del descrédito, del menosprecio. queda el camino real del sufrimiento corredentor al lado del Señor. La Iglesia será siempre un pequeño rebaño, más pequeño incluso de lo que suelen aparentar las estadísticas, que no hacen sino mentir -son palabras de Joseph Ratzinger antes de ser papa- poniendo como hermanos a muchos que en realidad no son otra cosa que "pseudohermanos" (pseydadelphoi), cristianos de nombre y de apariencia. Dice el Papa: "El espíritu sopla donde quiere (Jn. 3,8). Lo hace de modo inesperado, en lugares inesperados y en formas nunca antes imaginadas. Y ¡con cuánta multiformidad y corporeidad lo hace!" Ib. Téngase presente que "El Espíritu Santo da a los creyentes una visión superior del mundo, de la vida, de la historia y los hace custodios de la esperanza que no defrauda". Ib.
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