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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com ¡Ay, IMAS, IMAS, cuántos delitos sociales se han cometido en tu nombre! Esta institución, a cargo de los pobres, ha sufrido en carne propia, esto es, en la carne de los pobres, dos de las más graves tentaciones en el quehacer político: la ley y la institución como ficción de la realidad; y el enamoramiento de las palabras, sea para vilipendiar, sea para cautivar. Así, se promulga una ley o se crea una institución, como se nombra una comisión, con el convencimiento de que, con este acto, sobreviene el fiat lux o solución de los problemas que se pretenden atacar. Dado el paso legal o institucional, se realizan los nombramientos respectivos, muchas veces al calor del clientelismo político, y, de ahí en adelante, poco importa el incumplimiento de los objetivos o fines originales. Este ha sido el caso, para citar un solo ejemplo, en nuestra maraña institucional, del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS). Pero el IMAS, asimismo, soporta la otra tentación: la de la existencia nominal (aquella que consiste en una designación verbal) o valor nominal (o valor convencional, por oposición al valor realizable). En suma, lo nominal como opuesto a lo real. De esta forma, basta decir que una institución es "social" para que de ahí se infiera que, en verdad, está realizando un fin social. Recordemos que algunos candidatos a magistrados fueron borrados de la lista por carecer, según sus adversarios, de sentido "social". Lo social sirve para abrir o cerrar puertas, según el propósito de quien las usa. De este modo, como las palabras, de acuerdo con esta tendencia nominalista, son el "ábrete sésamo" o la fórmula cabal, los hechos o la realidad no importan y, menos, la aplicación de los principios técnicos o administrativos necesarios para satisfacer los objetivos propuestos: evaluación, control, rendición de cuentas, disciplina, responsabilidad moral, transparencia, publicidad, etcétera. Los pobres dejan de serlo por la ley y por la institución en sí. La palabra sacramental ahora -para condenar o para bendecir- es "el rostro social" o la agenda social. Y ¡qué curiosidad! Sus abanderados nunca se preocuparon por el funcionamiento de las instituciones "sociales", incapaces de lograr su cometido humano, en medio de un derroche espantoso de recursos "sociales". El IMAS ha sido una de sus víctimas. ¿Dónde estuvieron, en este campeonato nacional de derroche y mala gestión, los expertos en proclamas patrióticas y en lloriqueos sociales, que nunca quisieron ver a los pobres reales ni los problemas sociales reales? Nominalistas, ideólogos y evasores. Lo mismo da.
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