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Transformación institucional de Costa Rica Monseñor José Francisco Ulloa Rojas, obispo diocesano de Cartago, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica; monseñor Hugo Barrantes Ureña, arzobispo metropolitano de San José, vicepresidente, y monseñor Óscar Fernández Guillén, obispo diocesano de Puntarenas, secretario general. Tenemos el honor de dirigirnos a Vuestra Eminencia a fin de agradecer la generosa solicitud con la que desempeña el servicio que el Señor le ha encomendado a favor de su Iglesia. A la vez, en espíritu de comunión, queremos compartirle, como hermanos en el episcopado, algunos aspectos relacionados con la posición de la Conferencia Episcopal de Costa Rica frente al Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con los Estados Unidos (TLC). Como pastores del pueblo de Dios, hemos sido consecuentes con el encargo recibido de acompañar, responsablemente, a nuestro pueblo en la consecución de sus más altas aspiraciones y en la construcción de una sociedad más justa, democrática y solidaria. Precisamente, es nuestro compromiso pastoral el que nos ha llevado a promover y participar de innumerables foros en los que se presentan y discuten los contenidos, las implicaciones, las ventajas y las posibles consecuencias del TLC. Así mismo, Eminencia, hemos escuchado con atención tanto a los encargados de negociar este Tratado, como a los sectores que se consideran beneficiados con el TLC y hemos atendido, con igual diligencia, a quienes se oponen a su aprobación, alegando beneficios de unos pocos en detrimento de los sectores más vulnerables de nuestro país. En todo este proceso de discusión y eventual aprobación o desaprobación del TLC, los obispos de Costa Rica hemos insistido en la inconveniencia de asumir una actitud de oposición o promoción por aspectos puramente ideológicos o por intereses personales o grupales; antes bien, tratándose de un asunto tan serio y decisivo para la paz y el desarrollo social de nuestro país, quisimos aportar a los fieles cristianos y a todos los hombres de buena voluntad, criterios que favorecieran el análisis objetivo a fin de esclarecer la discusión del TLC, mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio y deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia. (Cf. Octogesima Adveniens n. 4) Como consta en todos los documentos emanados de nuestra Conferencia Episcopal (Cf. Justicia, equidad y solidaridad para todos, una reflexión sobre el TLC a la luz de principios cristianos, 30 de mayo del 2004, y Los obispos de Costa Rica y el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de América, 23 de mayo del 2005, anexos 1 y 2), y por razón de lógica competencia, los obispos nunca hemos entrado a discutir los criterios técnicos que conforman el TLC. Nuestro discerni- miento y lectura han sido esencialmente éticos, buscando la equidad, justicia y libertad por medio de un diálogo social que nos oriente a la construcción de una nación más solidaria. Somos nosotros, Vuestra Eminencia, los primeros interesados en una transformación institucional de nuestra patria, que la encamine a la modificación de la dinámica actual de crecimiento en conformidad con las metas de elimi- nación de la pobreza e inequidad, del desarrollo sostenible y una vida digna para todos, sin olvidar el mejoramiento de la eficiencia productiva ni la capacidad competitiva de Costa Rica a nivel internacional. Creemos, no obstante, que, en el caso de que los señores diputados del Congreso de la República procedan a la aprobación del TLC, es inaplazable implementar una agenda complementaria, elaborada democráticamente, con proyectos de tipo legislativo, que garanticen a los sectores más débiles la compensación de los posibles efectos negativos del tratado, que les fortalezcan en su capacidad productiva y competitiva y les garanticen un acceso más equitativo a los beneficios de este proceso. En el caso de no ser aprobado el TLC, los obispos hemos llamado la atención sobre la necesidad de proponer medidas alternativas, que busquen otros caminos que garanticen el acceso de nuestros productos agroindustriales, bienes y servicios a otros mercados, y la consecuente previsión de eventuales efectos negativos para nuestro pueblo. Porque somos conscientes de que un tratado de libre comercio no es, en sí mismo, la fórmula mágica, sino un instrumento para resolver los problemas más profundos de pobreza y exclusión social y económica, hemos sugerido, reiteradamente, la conformación de una agenda social, materializada en un cuerpo de leyes, que promueva y ayude a los sectores afectados más empobrecidos de nuestro país. Como podrá notar Vuestra Eminencia, las razones anteriores nos han llevado a concluir que, para promover el desarrollo humano y social de nuestro pueblo, el TLC con los Estados Unidos o cualquier otro tratado de libre comercio debe configurarse en el contexto de una perspectiva moral adecuada. Juzgamos, por ende, que, es un imperativo darle un rostro humano a la globalización económica, globalizando la solidaridad entre las personas y entre los pueblos. Seguros de que, en ningún momento, los obispos nos hemos opuesto a políticas de desarrollo económico que incluyan un legítimo desarrollo humano y que, antes bien, como recién nos ha enseñado el Santo Padre Benedicto XVI, iluminamos aquellos objetivos de justicia a la cual toda acción política debe dirigirse ( Cf. Deus Caritas Est 28), es nuestro deseo, Eminencia Reverendísima, reiterar nuestra disposición al diálogo con los diferentes actores sociales y, en particular, con el excelentísimo señor presidente, doctor Óscar Arias Sánchez, a fin de brindar, una vez más, nuestra permanente colaboración, como recientemente lo manifestamos en un encuentro con el jerarca de Comercio Exterior, ministro Marco Vinicio Ruiz, quien, en nombre del Gobierno, nos solicitó interponer nuestros buenos oficios para hacer un llamado a la discusión de ideas en la Asamblea Legislativa y otros foros. (Anexo tres). Mientras agradecemos a Vuestra Eminencia Reverendísima vuestra estimable atención, le aseguramos nuestra entrañable oración para que Dios, en Jesucristo, el Señor, os retribuya abundantemente vuestra entrega y solicitud por su Iglesia.
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