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Sin goles y sin valores En la preparación y participación del futbol nacional en el Mundial de Alemania se incurrió en graves fallas organizativas, técnicas, tácticas y moralesLa afición les cobra a la Fedefutbol y al director técnico un proceso hacia atrás y un estilo de juego anacrónico La airada reacción de la mayor parte de los aficionados contra la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefutbol), la Comisión de Selecciones y el director técnico de la selección, Alexandre Guimaraes, por la deplorable participación de nuestro futbol en el Mundial de Alemania, pone de manifiesto su frustración. Este estado de ánimo surge, sin embargo, no de las derrotas y de la descalificación para la segunda ronda, sino de la indecorosa participación, que nos convirtió en hazmerreír deportivo ante el mundo y, a la vez, exhibió internacionalmente a la Fedefutbol. En el Mundial de Italia, en 1990, el seleccionado nacional, conducido por un profesional experimentado, Bora Milutinovich, regresó con honra por la clasificación para la segunda etapa y, sobre todo, por el desenvolvimiento de los jugadores. Lamentablemente, el futbol nacional no sacó provecho de esta oportunidad para realizar las transformaciones necesarias en su organización y en la calidad del campeonato, para citar solo dos aspectos básicos. Más bien, se retrocedió. En el Mundial del 2002, en Japón y Corea del Sur, la selección no pasó a la segunda ronda y se observaron errores en cuanto a la conducción táctica del equipo. En cuanto al Mundial en Alemania, los hechos hablan con elocuencia. Nuestra crítica se centra en la dirigencia (Fedefutbol y Comisión de Selecciones) y en el entrenador. En cuanto a la dirigencia, nos referimos a quienes tuvieron una relación directa con este Mundial, particularmente al presidente de la Fedefutbol, Hermes Navarro. Se incurrió en diversas fallas de orden técnico y ético. En cuanto a las primeras, cabe señalar la destitución irrespetuosa y sin motivo alguno del anterior director técnico, Jorge Luis Pinto, cuando prácticamente el equipo estaba clasificado; el nombramiento apresurado de un nuevo entrenador sin evaluar sus atestados desde el 2003; la ausencia de evaluación sistemática del seleccionado, sin la cual no surge la rectificación correspondiente, en el proceso de preparación, y la centralización de las decisiones en el presidente de la Fedefutbol. En el orden moral, fue motivo de censura pública el sobreprecio impuesto por la Fedefutbol a las entradas para los partidos en Alemania, seguido de la invitación a más de 40 dirigentes para viajar a este país, así como de la declaración del presidente Hermes Navarro de que él no daría cuenta de estos gastos. Tampoco deben dejarse de lado las críticas en un periódico alemán sobre la petición, de parte de este dirigente, de alojamiento y alimentación gratuitos para los 50 invitados de la Federación, además de $300.000 para el Proyecto Gol, tal como se informó el 29 de abril pasado. La penosa petición de nuestros dirigentes se comentó en el foro del campeonato mundial en la ciudad de Hanau y fue motivo de una dura crítica pública de parte del ministro de Deportes del estado de Hesse, Volver Bouffier, por cuanto ya las delegaciones reciben, según expresó, $3 millones de parte de la FIFA. Bienvenidos sean los goles, pero valen más los valores. Los aspectos comentados anteriormente son mucho más graves que el ridículo de nuestra selección en el orden balompédico. Se trata de un asunto moral no porque implique un acto de corrupción propiamente, sino porque revela liviandad y, sobre todo, irrespeto al país, a la Fedefutbol y a la propia investidura. También en este caso las explicaciones del presidente de la Fedefutbol fueron lamentables. Hacemos hincapié en estos aspectos morales por cuando una selección nacional, en cualquier deporte, es un todo, por lo que estos comportamientos, además del pésimo ejemplo dado, afectan la moral de un grupo de deportistas que representan al país. En cuanto al entrenador, Alexandre Guimaraes, sus errores quedaron plasmados en la selección de los jugadores, escogidos con un criterio conservador; en sus confusas declaraciones sobre las tácticas empleadas, aun antes del partido inaugural; en la ausencia de rectificaciones precisas a lo largo de estos meses y, principalmente, en un proceso no de avance o mejora, sino de retroceso evidente, documentado en los tres juegos realizados en Alemania. Se ha argüido que la mediocridad de nuestro campeonato y el desconocimiento de los principios básicos del futbol moderno, de parte de nuestros futbolistas, potenciaron los errores cometidos, mas no pueden eximir de responsabilidad al director técnico ni a los dirigentes del futbol nacional. Viene ahora el capítulo obligado de la evaluación por respeto a la afición y al país. Esta tarea apremiante debe estar en manos, sin embargo, de personas avezadas en la materia, fuera del ámbito de la Fedefutbol y de la Comisión de Selecciones, y, con más razón, de los invitados al festín. El futbol es mucho más que espectáculo, empresa o diversión. Además de ser un vector social de unidad, representa, por su arraigo, un instrumento invaluable de formación y debe ser, por su identificación, una escuela de responsabilidad y seriedad.
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