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El reto de un nuevo orden vial Con moderada inversión y reordenamiento vial estamos en capacidad de agilizar el tránsitoLuís F. Arias A. Profesor, UCR Teniendo presente que el objetivo determina las estrategias, nunca al contrario, son oportunas algunas ideas estratégicas para paliar a problemática vial, pero en un contexto de nuestra lógica incapacidad para hacer frente, como algunos pretenden, a grandes inversiones y negocios de unas pocas empresas. Se trata de una sistematización y racionalización del asunto, con soluciones prontas e inteligentes. Lo primero es que toda autoridad policial, sin prepotencia, con humildad y firmeza en la aplicación de la ley, tenga ingerencia en el ordenamiento vehicular y en la sanción a los infractores. Segundo, es urgente redimensionar la flota vehicular. Permitimos la importación de vehículos chatarra, casas intermediarias especulan con el negocio, la banca se presta al juego, viejos vehículos no salen de circulación, el exceso de tolerancia de Riteve, todo bajo el discurso populista que, en este pobre país, prácticamente todos los hijos de vecino tenemos derecho y capacidad económica para contar con un "perolito". Inexplicable. Como paradoja, por tratarse de los que transportan más personas y carga, el mayor problema en la fluidez del tránsito lo causan buses y furgones, de los que depende nuestra mayor capacidad productiva. Sin conocer los beneficiarios y como incógnita nacional, resulta inexplicable el haber suprimido el transporte masivo por ferrocarril. Proceden inversiones ferroviarias, reducir una flota de furgones y camiones pesados que inundan nuestras carreteras, las destruyen, ocasionan numerosos accidentes y son los que menos derechos de circulación pagan. Sobre los buses, ni qué decir. Las famosas concesiones no terminan y no se revisan y hay ricos concesionarios, con poca o nula inversión en mantenimiento, renovación y modernización de la flota. ¡Qué envidiable resulta ver grandes y ordenadas ciudades donde los buses son de empresas del Estado o cooperativas, que circulan ordenadamente por calles de un extremo a otro de la ciudad y hacia todos los puntos cardinales, con bien vestidos y educados choferes, sin entorpecer el tránsito de otros vehículos y con las paradas delimitadas en lugar y tiempo. Mediante moderada inversión y reordenamiento vial podemos agilizar el tránsito. Habría muchas medidas que sugerir. Por ejemplo, todos los pasos por las cabeceras de cantón y capitales de provincia son un tormentoso "cuello de botella". Se debería contar con vías rápidas para autos y buses, con semáforos inteligentes, con absoluta prohibición de aparcar vehículos y detenerse en lugares no permitidos. Otro ejemplo es facilitar otras vías de acceso o bien atajos que hoy son intransitables. ¿Qué es lo que pasa?, ¡qué no hay creatividad, qué la indolencia, la pereza y la apatía prevalecen sobre las respuestas a las necesidades del país! Clara lección. Hay que enseñar al conductor, pero no hay que perseguirlo bajo la premisa de que todos violan la ley. Hay que sancionar a quien comete delito. La impunidad en que vivimos y la falta de educación vial son motivos primigenios del desorden vial nacional. Por esto, ahora con nuevo gobierno, bien debería poner al país al menos en condiciones de igualdad con nuestros vecinos que, evidentemente con menos recursos, han encontrado soluciones más ordenadas e inteligentes. Tenemos que quitarnos la vergüenza internacional de ser cuartomundistas en ordenamiento vial. Un programa estratégico de atención vial no está pegado al cielo; es pertinente y una necesidad nacional que palie los efectos destructivos de personas y bienes. ¡Qué buen proyecto de gobierno para los primeros cien días y qué aporte a la credibilidad el logro de algo que todos aplaudiríamos.
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