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En Guardia Jorge Guardia jguardia@nacion.com El mercado financiero está nervioso. Le inquietan los movimientos en las tasas de interés. ¿Subirán, bajarán o permanecerán constantes? ¿Qué diablos hacer: comprar, vender o permanecer a corto plazo? Los bateadores (entre los que no podemos excluir a ningún columnista, aunque esté en guardia) dirían que todo depende de... De lo que finalmente suceda en los mercados nacional y extranjero, dependerán los precios de los activos financieros que componen las carteras de las personas y empresas. Si las tasas suben, bajarán los rendimientos (y precios) de los títulos con tasa fija. Lo contrario, si sucede lo contrario. Pero si los títulos tienen tasas variables, y varían, no variarían sus rendimientos ni cotizaciones (y a la inversa). Si Ud. es capaz de barajar este trabalenguas, estará capacitado para jugar en el mercado. El problema es el riesgo involucrado. Las variaciones dependen de decisiones oficiales, no siempre racionales. En EE.UU., por ejemplo, después de la recesión aumentaron el déficit fiscal y la liquidez para estimular la producción. Luego de la recuperación, la FED subió tasas para evitar inflación, sin que se ajustara el déficit. La economía se recalentó. Y surgió la sombra de la inflación. Si hubieran ajustado impuestos o reducido gastos, no tendrían, ahora, que subir los intereses. A Bernanke le ha tocado hacer la tarea de Mr. Bush. En la sesión del 29 de junio podría subir las tasas y afectar el precio de la deuda soberana. ¡Qué soberano enredo! El enredo, aquí, también es soberano (en más de un sentido). Las señales al mercado son confusas. Mientras las tasas allá subían, aquí bajaban; mientras Hacienda reducía el gasto para coadyuvar con la política monetaria, el Central aumentaba la liquidez y crédito al sector privado; mientras la inflación subía, se bajaban las tasas de interés; y mientras subían los precios del petróleo y caían los términos de intercambio, bajaban la tasa de devaluación. La prima por invertir en colones llegó a ser negativa y se afectó el ahorro, cuando convenía mejorar más las expectativas de inflación. ¿Serán sostenibles? La moraleja es clara. Las oscilaciones en las tasas de interés no siempre dependen de los participantes y el buen funcionamiento del mercado. El frío está en las políticas oficiales erráticas, causantes de pérdidas o ganancias. Los especuladores que atinan a adivinar el juego, son los únicos que ganan. Y, sin embargo, la Sugef, Supen y Sugeval se ensañan cada vez más en los participantes cuando deberían, más bien, apuntar a las autoridades. Si fueran más racionales, el mercado no sería tan riesgoso. Pocos no ganarían tanto. Ni tantos, tan poco.
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